| Pensar que la
lucha contra el narcotráfico se limita a estrategias
de erradicación del cultivo de hojas de coca o a la
interdicción de la PBC y del clorhidrato de cocaína,
es un error. Peor aún si se recurre a fabricar conceptos
fáciles e ideologizados como el de “narcoterrorismo”
para identificar al sujeto del delito. Considerando la experiencia
del Ministerio del Interior durante las gestiones de los Ministros
Rospigliosi y Costa (agosto 2001 - enero 2003) presentamos
un balance general de la estrategia y los resultados logrados
en la lucha contra el narcotráfico durante ese periodo.
Determinación del área
territorial
El problema del narcotráfico abarca gran parte del
territorio nacional y tiene múltiples componentes,
relaciones y actores. Para focalizar la acción de la
Policía Nacional (PNP) contra el tráfico ilícito
de drogas (TID), se seleccionaron 57 distritos ubicados en
25 provincias de los departamentos de Huánuco, San
Martín, Ucayali, La Libertad, Amazonas, Junín,
Pasco, Ayacucho y Huancavelica, donde se combinan la pobreza
extrema, el cultivo de la hoja de coca, el narcotráfico
y la presencia de remanentes de Sendero Luminoso. Como parte
de la estrategia de lucha, se buscó concertar la acción
del Estado y la sociedad civil para enfrentar en simultáneo
la pobreza, el narcotráfico y el senderismo. Se designó
a tres Comisionados para la Paz y el Desarrollo, se firmaron
convenios con FONCODES y establecieron relaciones con diversas
entidades del sector público como el MINED, MIMDES,
PRONAA y la Mesa Nacional de Concertación de Lucha
contra la Pobreza, entre otras. Sin embargo, los cambios de
personal en el sector público han dificultado la continuidad
del desarrollo de esta estrategia.
Erradicación gradual y concertada
No se puede negar que parte de la producción de hoja
de coca se va al narcotráfico. De 36,000 hectáreas
dedicadas al cultivo de hoja de coca en las catorce cuencas
cocaleras del Perú, se estima que para el consumo tradicional
y otros sería suficiente la producción de 12,000
a 18,000 hectáreas. Es decir, se tiene que tomar un
acuerdo sobre el destino de la producción de las aproximadamente
24,000 hectáreas excedentes. Diversos estudios estiman,
por ejemplo, que el 90 % de la producción de hoja de
coca del Valle del río Apurímac y Ene (VRAE)
va al narcotráfico.
El Estado no debe ceder en su obligación
de erradicar la producción excedente de hoja de coca,
por una cuestión de seguridad pública. El reto
es hacerlo de común acuerdo con los agricultores y
autoridades locales y no en contra de ellos. Haciendo caso
omiso a las propuestas norteamericanas, se aprobó la
erradicación de sólo 7 mil hectáreas
de hoja de coca para el 2002. Esta meta se cumplió
introduciendo la estrategia de la autoerradicación
y la decisión firme y no negociable de erradicar cultivos
nuevos, circundantes a pozas de maceración y los ubicados
en los parques y reservas nacionales. Sin embargo, el compromiso
asumido por el Ministerio del Interior de erradicar 12 mil
hectáreas de hoja de coca para el 2003 parece exceder
el límite del riesgo social, si se consideran las dificultades
de los programas de desarrollo alternativo y de financiamiento
para compensar a los productores.
El desarrollo alternativo y el conflicto
social
Los programas y proyectos de desarrollo alternativo impulsados
durante los últimos años no han logrado los
resultados esperados. Ello ha motivado la protesta masiva
de los agricultores contra los ejecutores de estos programas
y contra los organismos del Estado encargados de su control.
Se ha generado una percepción muy negativa contra las
ONG, ocasionando la pérdida de su credibilidad y la
desconfianza. Las organizaciones de los productores cocaleros
exigen que “el dinero de los países cooperantes
llegue directamente a los agricultores y sus familias por
intermedio de los concejos municipales a nivel provincial
y distrital, quienes deberán constituir unidades de
planificación y proyectos”. (Plataforma de la
marcha a Lima, abril 2003)
Tras la marcha de la Federación de
Productores Agropecuarios del Valle del río Apurímac
y Ene (FEPAVRAE) hacia Lima, el 1 de agosto de 2002, se logró
firmar un acuerdo para el diálogo entre los cocaleros
y diferentes instancias del Estado. Este proceso se rompió
en noviembre de 2002 cuando la misma federación tomó
los bienes de las ONG que, según ellos, debían
retirarse del valle. Posteriormente, amenazaron con impedir
la realización de las elecciones regionales y municipales
en San Francisco. Ello obligó a un gran despliegue
policial para garantizar el proceso electoral. Sin embargo,
estas movilizaciones colocaron a la FEPAVRAE al frente de
la articulación de las organizaciones de productores
de los valles cocaleros del Perú. En enero del 2003,
se constituyó la Confederación Nacional de Productores
Agropecuarios de las Cuencas Cocaleras del Perú (CONACCP).
Luego de la marcha a Lima de abril 2003, ésta se ha
constituido en la interlocutora principal de los cocaleros.
Sendero Luminoso
Los cuadros de acciones terroristas en los llamados Comité
Regional Centro CRC y Comité Regional Principal (CRP)
de Sendero Luminoso (SL) que abarcan los departamentos de
Pasco, Junín, Huancavelica, Ayacucho y Apurímac
y del Comité Regional Huallaga que abarca los departamentos
de San Martín, Huánuco y Ucayali, muestran una
coincidencia con las cuencas productoras de hoja de coca,
principalmente en el valle del río Ene y Apurímac.
Dichos comités han sido los más activos, tal
como se muestra en el siguiente gráfico.

No se puede afirmar que los productores de
hoja de coca son terroristas. Sin embargo, es lícito
preguntarse cómo se vincula SL con éste proceso.
¿Cuál es su mensaje respecto a la erradicación?
Por informes de inteligencia policial se sabe que Sendero
mantiene presencia, instalaciones y una “masa cautiva”,
alienta el cultivo de la coca y ofrece su apoyo a los productores
para defenderlos de las intervenciones policiales. Sin embargo,
es muy difícil, como dicen equivocadamente algunos
analistas, que en el corto plazo se produzca una alianza entre
los productores cocaleros y Sendero. No olvidemos que ellos
fueron actores de la guerra interna y se organizaron en Comités
de Autodefensa. Son enemigos jurados.
La voluntad política y el liderazgo
civil en la lucha contra el terrorismo y las operaciones policiales
desarrolladas durante 2002 fueron un factor decisivo para
mantener a raya a las fuerzas senderistas. Es importante que
se perciba nuevamente esa voluntad, liderazgo y sobretodo,
claridad de ideas, en las nuevas autoridades del MININTER.
Acción Policial contra el TID
Durante el año 2002 el número de operaciones
de la PNP contra el Tráfico Ilícito de Drogas
(TID) se mantuvo en casi el mismo nivel que el año
anterior (11,358 en el 2001 y 11,373 en el 2002). A partir
del tercer trimestre, las acciones contra el TID decayeron.
Eso se dio posiblemente porque el personal policial ejecutó
mayormente acciones de control y mantenimiento del orden público
con la finalidad de garantizar el desenvolvimiento de las
elecciones regionales y municipales.
El decomiso de drogas realizada durante el
2002 superó en 58% al del 2001, según se puede
apreciar en el siguiente gráfico. El más importante
decomiso se registró en Arequipa (3 de enero de 2002)
por 5996 Kg. de PBC-L, proveniente de la cuenca del Ene y
Apurímac.

El decomiso de Insumos Químicos Fiscalizados
(IQF) se incrementó 443% en el 2002. Durante el 2001,
se decomisaron 86.2 toneladas, mientras que en el 2002 esta
cifra aumentó a 468.7 toneladas. La ejecución
del Operativo de Interdicción “Seis Fronteras”
es lo que indudablemente ha marcado la diferencia en la lucha
contra el desvío de IQF que genera tantas ganancias
como la comercialización de drogas e interfiere con
la actividad industrial al comprometer a muchas empresas relacionadas
con la fabricación de perfumes, pinturas, baterías,
ferretería, etc. Por otro lado, involucra a un sector
de la población con escasos recursos mediante el transporte
en la modalidad de “hormiga”.
Las detenciones de personas en las operaciones
de interdicción al TID han registrado números
similares en el 2001 y el 2002 (13,343 y 12,839 respectivamente).
Los planes de operación formulados para garantizar
el orden público durante las elecciones regionales
y municipales también incidieron negativamente en la
detención de personas vinculadas al TID. Cabe destacar
el ligero incremento de la tendencia en el empleo de menores
de edad en esta ilícita actividad (354 en 2001, contra
427 en 2002).
En conclusión, podemos decir que se han realizado avances
positivos en la focalización del problema. Sin embargo,
es necesario que se continúe con la estrategia concertada
entre Estado (en el nivel interinstitucional) y la sociedad
civil, para luchar contra la pobreza, el narcotráfico
y el terrorismo simultáneamente. Es de vital importancia
que se tenga en cuenta el límite del riesgo social
en la erradicación de cultivos de coca, pues se calcula
que aproximadamente 1/3 (quizás más) de las
hectáreas se dedican a la producción para consumo
tradicional y otras actividades no relacionadas con el narcotráfico.
Esta cifra es bastante relevante, si se considera que los
programas de desarrollo alternativo y de financiamiento para
los productores aún no han logrado los resultados esperados.
[1]Ex asesor de los ministros
del Interior Fernando Rospigliosi y Gino Costa en las áreas
de conflicto social y terrorismo.

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