El tema de las
transferencias intergubernamentales pasa casi siempre desapercibido,
pero es un instrumento fiscal de uso común en países
desarrollados y en vías de desarrollo para financiar
servicios provistos por los niveles regionales y municipales.
¿A cuánto deben ascender? Eso depende de muchas
variables, pero casi todo el mundo está de acuerdo
en que no deben dominar el panorama fiscal de los gobiernos
subnacionales. Asimismo, ni el monto ni la disponibilidad
de las transferencias deben ser tan altos que pongan en peligro
la estabilidad fiscal del país.
Su
importancia es inobjetable, si pensamos que deben financiar
servicios como salud y educación, servicios de altas
externalidades y características meritorias. Tampoco
se puede arriesgar y dejar que los gobiernos locales financien
todo con recursos locales, cuando éstos tienen limitaciones
institucionales y del contexto geográfico-económico
para recaudar suficientes recursos. Entonces debe haber un
justo medio.
En Perú, las transferencias llegan
a representar hasta el 86% de los ingresos totales para aquellos
distritos con menos de 20,000 habitantes y menos del 35% de
población urbana. Además del propio peso de
esta fuente en las municipalidades pequeñas y débiles,
la existencia de las transferencias hace que los gobiernos
disminuyan su esfuerzo fiscal en la recaudación. Por
este motivo es necesario desarrollar también el otro
lado de la moneda: crear los incentivos necesarios y arreglos
institucionales que permita el incremento de los ingresos
municipales propios. Otra manera de ver el problema es cotejar
los gastos de inversiones con recursos propios, encontrándose
una disminución de los mismos ante mayores transferencias.
Otro tema asociado y que debe tomarse en cuenta
es la diferencia entre capacidades de las municipalidades,
por lo que las transferencias en Perú buscan básicamente
igualar las bases tributarias. Las autoridades competentes
pretenden ahora, con toda razón, introducir algún
elemento que mejore la eficiencia fiscal por el lado de las
transferencias. Sin embargo, debemos insistir en que se debe
también incrementar la autoridad impositiva de los
gobiernos locales cuando administran el impuesto predial,
tanto en el manejo de las alícuotas, como en la fijación
de la valoración de los terrenos y construcciones.
Por otra parte, también se ha observado
un crecimiento vertiginoso de las transferencias gracias a
la mejora en la recaudación del IGV. Una pregunta natural
es ¿en qué se han gastado esos recursos? El
73% de las inversiones locales han sido pagadas con transferencias.
Éstas básicamente han financiado el sector transporte
(vías urbanas y rurales) y el sector saneamiento. El
sector prioritario para la población es la limpieza
pública y recojo de desechos sólidos, siendo
este sector inclusive financiado con recursos propios cuando
no hay transferencias. Otro aspecto que tampoco pasa desapercibido
es que aquellas que reciben canon utilizan menos los otros
recursos en inversiones, denotando claramente un efecto sustitución.
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