Lima -18 / 07/ 03
Hacia una Reforma Tributaria Integral
Luis Alberto Arias Minaya[1]

En el Perú, tenemos un problema de déficit estructural de nuestras finanzas públicas. La solución posee dos componentes igualmente importantes: (i) la mejora sostenida y equitativa de los ingresos públicos; y (ii) la mejora de la composición y calidad del gasto público. En este artículo, nos ocuparemos del primer aspecto. Respecto del segundo, solo mencionaremos que urge iniciar la reforma del Estado e incrementar el gasto de inversión, el cual ha venido disminuyendo sostenidamente desde 1994.

La mejora sostenida y equitativa de los ingresos públicos solo podrá lograrse con una reforma tributaria integral. Las razones para implementar una reforma de este tipo son varias. Algunas son de origen externo y otras de origen interno. Las de orden externo son dos: (1) la globalización, que impulsa a los países a reducir sus tasas impositivas para atraer inversión; y (2) la liberalización del comercio internacional, que trae consigo una disminución permanente de los ingresos provenientes de impuestos al comercio exterior. Las razones de origen interno provienen de cuatro necesidades: (1) asegurar la sostenibilidad de las cuentas fiscales; (2) utilizar la política fiscal como instrumento que promueva la competitividad; (3) simplificar el sistema tributario; y (4) implementar una descentralización fiscalmente neutra.

Dentro de este contexto, cuando se habla de reforma tributaria integral, es preciso definir de antemano los principios de dicha reforma y los objetivos que se quieren alcanzar con ella. La reforma integral debe buscar fundamentalmente la equidad. Esto significa gravar más a lo que más ganan y gravar igual a los que tienen iguales niveles de ingreso. Por otro lado, la reforma debe promover la competitividad del país. Esto requiere tasas moderadas que no afecten a las exportaciones y que no generen sobrecostos al gravar los factores de producción (capital y trabajo). Finalmente, la reforma debe buscar la simplicidad para reducir tanto los costos de cumplimiento para el contribuyente, como los costos de administración de los tributos.

El cumplimiento de estos principios requiere la implementación de una reforma que no cree nuevos impuestos, ni aumente las tasas de los impuestos existentes. Por el contrario, la reforma debe basarse en una verdadera ampliación de la base tributaria, lo cual implica: (1) eliminar progresivamente las exoneraciones tributarias; (2) eliminar los tratamientos tributarios especiales, como la doble depreciación, la depreciación acelerada solo para algunos sectores económicos; (3) eliminar progresivamente impuestos antitécnicos, como el IES; (4) reformular el impuesto a la renta, gravando no solo las rentas del trabajo, sino también las rentas del capital: intereses, todo tipo de rendimiento financiero y ganancias de capital; y (5) reducir la evasión tributaria, la subvaluación de ventas e ingresos y el contrabando.

 

[1] Economista, Master en Economía del London School of Economics and Political Science. Presidente Ejecutivo de INDE Consultores. Consultor del BID, CAN y BM. Ha sido Superintendente Nacional de Administración Tributaria y Jefe del Servicio de Administración Tributaria.