| En el Perú,
tenemos un problema de déficit estructural de nuestras
finanzas públicas. La solución posee dos componentes
igualmente importantes: (i) la mejora sostenida y equitativa
de los ingresos públicos; y (ii) la mejora de la composición
y calidad del gasto público. En este artículo,
nos ocuparemos del primer aspecto. Respecto del segundo, solo
mencionaremos que urge iniciar la reforma del Estado e incrementar
el gasto de inversión, el cual ha venido disminuyendo
sostenidamente desde 1994.
La
mejora sostenida y equitativa de los ingresos públicos
solo podrá lograrse con una reforma tributaria integral.
Las razones para implementar una reforma de este tipo son
varias. Algunas son de origen externo y otras de origen interno.
Las de orden externo son dos: (1) la globalización,
que impulsa a los países a reducir sus tasas impositivas
para atraer inversión; y (2) la liberalización
del comercio internacional, que trae consigo una disminución
permanente de los ingresos provenientes de impuestos al comercio
exterior. Las razones de origen interno provienen de cuatro
necesidades: (1) asegurar la sostenibilidad de las cuentas
fiscales; (2) utilizar la política fiscal como instrumento
que promueva la competitividad; (3) simplificar el sistema
tributario; y (4) implementar una descentralización
fiscalmente neutra.
Dentro de este contexto, cuando se habla de
reforma tributaria integral, es preciso definir de antemano
los principios de dicha reforma y los objetivos que se quieren
alcanzar con ella. La reforma integral debe buscar fundamentalmente
la equidad. Esto significa gravar más a lo que más
ganan y gravar igual a los que tienen iguales niveles de ingreso.
Por otro lado, la reforma debe promover la competitividad
del país. Esto requiere tasas moderadas que no afecten
a las exportaciones y que no generen sobrecostos al gravar
los factores de producción (capital y trabajo). Finalmente,
la reforma debe buscar la simplicidad para reducir tanto los
costos de cumplimiento para el contribuyente, como los costos
de administración de los tributos.
El cumplimiento de estos principios requiere
la implementación de una reforma que no cree nuevos
impuestos, ni aumente las tasas de los impuestos existentes.
Por el contrario, la reforma debe basarse en una verdadera
ampliación de la base tributaria, lo cual implica:
(1) eliminar progresivamente las exoneraciones tributarias;
(2) eliminar los tratamientos tributarios especiales, como
la doble depreciación, la depreciación acelerada
solo para algunos sectores económicos; (3) eliminar
progresivamente impuestos antitécnicos, como el IES;
(4) reformular el impuesto a la renta, gravando no solo las
rentas del trabajo, sino también las rentas del capital:
intereses, todo tipo de rendimiento financiero y ganancias
de capital; y (5) reducir la evasión tributaria, la
subvaluación de ventas e ingresos y el contrabando.
[1] Economista, Master en
Economía del London School of Economics and Political
Science. Presidente Ejecutivo de INDE Consultores. Consultor
del BID, CAN y BM. Ha sido Superintendente Nacional de Administración
Tributaria y Jefe del Servicio de Administración Tributaria.

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