El anuncio de
que el discurso presidencial era un punto de quiebre llenó
de expectativas a todos, analistas y usuarios de los servicios
del Estado: empresarios, consumidores y la población
en general. Sin embargo, cuando revisamos el discurso presidencial,
al menos en lo temas de integración a la economía
mundial se evidencia una falta de estrategia.
No
basta con decir “vamos a ser un país exportador”
y mostrar algunos resultados de crecimiento de exportaciones,
se tiene que definir esto como objetivo estratégico
y luego plantear los mecanismos para lograrlo. Al revisar
las medidas planteadas como exitosas, se muestran los dos
extremos de políticas mercantilistas; por un lado medidas
proteccionistas como aquella de invocar a que las compras
públicas favorezcan a productos peruanos, no porque
sean mejores y más baratos que los extranjeros sino,
porque simplemente son peruanos o resaltando que se ha incrementado
la producción nacional agrícola gracias a la
protección frente a los subsidios externos. Estas acciones
pueden ser muy loables pero no tienen correlato con políticas
que incrementen nuestra competitividad, menos aun cuando una
medida explícita es el incremento no sustentado del
salario mínimo vital, lo que incrementará los
costos de las empresas exportadoras que realizan sus pagos
a sus trabajadores usando como unidad de medida esa remuneración.
Por otro lado, se promueven medidas para el logro de acuerdos
comerciales porqué está de moda, pero sin claridad
sobre para qué y para quién se hacen.
Cuando uno revisa el enunciado sobre cual
es el punto de quiebre, no queda claro qué dirección
se va a tomar en política económica, pues enunciados
como trabajar para los más pobres nos dicen poco. Las
preguntas que nos hacemos son: ¿Cómo vamos a
crecer?, ¿Cuál es el modelo de crecimiento?.
Supongo que es uno de economía (social) de mercado,
pero interviniendo en la fijación de precios no vamos
en esa línea. ¿Es acaso un modelo de economía
abierta que busca penetrar mercados a través de las
negociaciones comerciales y fortalecer la oferta exportable
haciéndonos más competitivos? La verdad es que
no hay especificaciones sobre eso. Si la reforma tributaria
promueve ese fin en buena hora, pero eso no se plantea en
el discurso, ni en las acciones posteriores de este gobierno.
El tema hoy en día es cómo resolver el problema
fiscal de corto plazo y evitar protestas, y no como mejorar
la asignación de recursos y evitar que el Estado sea
oneroso para las empresas.
En el discurso no se menciona la competitividad
y por lo mismo tampoco cómo lograrla, a pesar de ser
parte del Acuerdo Nacional, de haberse creado un Consejo Nacional
de Competitividad en la gestión de Roberto Dañino
y de la realización de un grandioso foro de competitividad
en febrero de este año. Este consejo, luego de la foto
de rigor, ha trabajado poco al respecto, a pesar de haber
comprometido al sector privado y muchos agentes de la sociedad
civil en la elaboración de las propuestas. Es innegable
el esfuerzo del MINCETUR y el apoyo de Relaciones Exteriores
para el logro de acuerdos comerciales, ampliar los mercados
para nuestros productores y, porque no decirlo, ampliar el
abanico de oportunidades para nuestros consumidores al poder
tener una oferta de bienes y servicios importables mayor.
Pero todo este esfuerzo se hace sin directrices de política
desde el más alto nivel, sin que se considere a las
políticas de competitividad, comerciales y de negociación
como políticas de Estado, que contribuyan al crecimiento
y al desarrollo de nuestro país.
Si esto hubiera estado en el discurso ahora
sí estaríamos hablando de un verdadero punto
de quiebre, pues todas las demás políticas se
alinearían para el logro de este objetivo. Ojalá
que el reforzamiento del Acuerdo Nacional, no sólo
se quede en el discurso político y no se olvide que
la competitividad es una de sus líneas maestras. Quizás
entonces todavía no perdamos la esperanza.

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