Lima 01/ 09/ 03

¿Acaso es la integración a los mercados internacionales?

¿Dónde está el norte para el desarrollo peruano?

Mercedes Araoz
Centro de Investigaciones de la Universidad Pacífico (CIUP)

El anuncio de que el discurso presidencial era un punto de quiebre llenó de expectativas a todos, analistas y usuarios de los servicios del Estado: empresarios, consumidores y la población en general. Sin embargo, cuando revisamos el discurso presidencial, al menos en lo temas de integración a la economía mundial se evidencia una falta de estrategia.

No basta con decir “vamos a ser un país exportador” y mostrar algunos resultados de crecimiento de exportaciones, se tiene que definir esto como objetivo estratégico y luego plantear los mecanismos para lograrlo. Al revisar las medidas planteadas como exitosas, se muestran los dos extremos de políticas mercantilistas; por un lado medidas proteccionistas como aquella de invocar a que las compras públicas favorezcan a productos peruanos, no porque sean mejores y más baratos que los extranjeros sino, porque simplemente son peruanos o resaltando que se ha incrementado la producción nacional agrícola gracias a la protección frente a los subsidios externos. Estas acciones pueden ser muy loables pero no tienen correlato con políticas que incrementen nuestra competitividad, menos aun cuando una medida explícita es el incremento no sustentado del salario mínimo vital, lo que incrementará los costos de las empresas exportadoras que realizan sus pagos a sus trabajadores usando como unidad de medida esa remuneración. Por otro lado, se promueven medidas para el logro de acuerdos comerciales porqué está de moda, pero sin claridad sobre para qué y para quién se hacen.

Cuando uno revisa el enunciado sobre cual es el punto de quiebre, no queda claro qué dirección se va a tomar en política económica, pues enunciados como trabajar para los más pobres nos dicen poco. Las preguntas que nos hacemos son: ¿Cómo vamos a crecer?, ¿Cuál es el modelo de crecimiento?. Supongo que es uno de economía (social) de mercado, pero interviniendo en la fijación de precios no vamos en esa línea. ¿Es acaso un modelo de economía abierta que busca penetrar mercados a través de las negociaciones comerciales y fortalecer la oferta exportable haciéndonos más competitivos? La verdad es que no hay especificaciones sobre eso. Si la reforma tributaria promueve ese fin en buena hora, pero eso no se plantea en el discurso, ni en las acciones posteriores de este gobierno. El tema hoy en día es cómo resolver el problema fiscal de corto plazo y evitar protestas, y no como mejorar la asignación de recursos y evitar que el Estado sea oneroso para las empresas.

En el discurso no se menciona la competitividad y por lo mismo tampoco cómo lograrla, a pesar de ser parte del Acuerdo Nacional, de haberse creado un Consejo Nacional de Competitividad en la gestión de Roberto Dañino y de la realización de un grandioso foro de competitividad en febrero de este año. Este consejo, luego de la foto de rigor, ha trabajado poco al respecto, a pesar de haber comprometido al sector privado y muchos agentes de la sociedad civil en la elaboración de las propuestas. Es innegable el esfuerzo del MINCETUR y el apoyo de Relaciones Exteriores para el logro de acuerdos comerciales, ampliar los mercados para nuestros productores y, porque no decirlo, ampliar el abanico de oportunidades para nuestros consumidores al poder tener una oferta de bienes y servicios importables mayor. Pero todo este esfuerzo se hace sin directrices de política desde el más alto nivel, sin que se considere a las políticas de competitividad, comerciales y de negociación como políticas de Estado, que contribuyan al crecimiento y al desarrollo de nuestro país.

Si esto hubiera estado en el discurso ahora sí estaríamos hablando de un verdadero punto de quiebre, pues todas las demás políticas se alinearían para el logro de este objetivo. Ojalá que el reforzamiento del Acuerdo Nacional, no sólo se quede en el discurso político y no se olvide que la competitividad es una de sus líneas maestras. Quizás entonces todavía no perdamos la esperanza.