El
escándalo que se desencadenó al descubrirse
la red de corrupción articulada por Montesinos, el
asesor de Fujimori, no sólo precipitó la caída
del gobierno, sino también colocó al tema de
la lucha contra la corrupción en el centro del debate
público. Pese a que una gran atención se concentró
en la corrupción de gran escala (particularmente a
través de los procesos judiciales y el encarcelamiento
de numerosas figuras políticas del régimen pasado),
se ha ignorado en cierta medida a la corrupción de
pequeña escala. De hecho, el juicio público
de Montesinos, la creación de cinco Comisiones Investigadoras
en el Congreso para tratar casos de corrupción y la
implementación de diversos mecanismos anticorrupción
en el Poder Judicial (Juzgados anticorrupción, Salas
especiales, Fiscales anticorrupción, Procuraduría
ad hoc, Policía anticorrupción) constituyen
iniciativas y acciones que contribuyeron activamente a luchar
contra la corrupción de gran escala. Con respecto de
los mercados públicos, la creación del Portal
de Transparencia, así como la activa participación
de CONSUCODE en la revisión de contratos, han dificultado
la corrupción entre el gobierno y la empresa privada.
Sin embargo, aún deben elaborarse mecanismos efectivos
para luchar contra la corrupción de pequeña
escala, pues esta constituye la forma de corrupción
que más afecta a las personas en su vida cotidiana,
dado que con frecuencia son víctimas de servidores
públicos de nivel bajo o intermedio a los que deben
otorgar "obsequios", sobornos, entre otros, para
poder acceder a servicios públicos. Al respecto, la
población no cuenta con instituciones eficientes a
las cuales podría acudir y presentar sus casos, pese
a la existencia de la Defensoría del Pueblo, la cual
está lejos de lograr los objetivos de protección
que le fueron asignados. Además de los costos financieros
directos de esta forma de corrupción, el acceso a los
servicios de gobierno, los cuales no suelen estar disponibles,
está bloqueado, creando así una pérdida
de confianza en las instituciones públicas. La lucha
contra la corrupción y la pobreza, así como
el fortalecimiento de la democracia y la defensa de los derechos
humanos, fueron temas principales de la Cumbre del Grupo de
Río realizada en Cusco en mayo del presente año,
en la cual Perú asumió la dirección rotativa.
Sin
embargo, ¿qué conocemos acerca de la corrupción
desde el punto de vista de los hogares? ¿Qué
nivel de prioridad se le atribuye a la corrupción entre
los problemas percibidos en el país? ¿Cuál
es el efecto de la corrupción de pequeña escala,
y qué instituciones públicas se ven más
involucradas? ¿Cuáles son sus principales objetivos?
¿Cuál es el costo directo de la corrupción
y cuánto pesa en los presupuestos de los hogares de
diferentes categorías? ¿Qué proporción
de los casos de corrupción se derivan en quejas formales,
y por qué no existen quejas de los restantes?
Con el propósito de responder estas
preguntas, se introdujo un módulo de gobernabilidad,
corrupción y participación ciudadana en la Encuesta
Nacional de Hogares (ENAHO) del cuarto trimestre de 2002,
realizada por el Instituto Nacional de Estadística
e Informática (INEI). Esta iniciativa se destaca entre
las experiencias anteriores de medición de la corrupción
basadas en encuestas de hogares en tres puntos principales.
En primer lugar, el tamaño de la muestra y el alcance
geográfico de la ENAHO son bastante superiores a los
correspondientes a otras encuestas de la misma temática:
aproximadamente 20,000 hogares fueron encuestados sobre la
base de un diseño de encuesta de hogares representativa
al nivel departamental, mientras que a las encuestas de Latinobarómetro
y Apoyo les corresponden 1,000 y 5,122 hogares respectivamente.
En segundo lugar, el cruce de los datos del módulo
de corrupción con toda la información recogida
por la ENAHO (ingresos, gastos, programas sociales, capital
humano, activos físicos, empleo y actividad económica,
entre otros), provee interesantes posibilidades de análisis,
particularmente en el aspecto económico. Finalmente,
el hecho de que el INEI introdujo esta temática por
primera vez asegura que la data resultante constituye un bien
público, y que podría iniciarse un verdadero
proceso de institucionalización en todo el país.
Así, la ENAHO constituye una nueva herramienta para
el análisis del impacto de la corrupción en
los hogares. Algunos de los resultados iniciales de la Encuesta
son presentados aquí, con énfasis en la relación
entre corrupción y pobreza.
A pesar de que el desempleo y la pobreza fueron
considerados los dos principales problemas del país
en respuesta a una pregunta abierta acerca del tema (74% y
61% de los hogares, respectivamente), la corrupción,
se ubica en tercer lugar con el 32%, lejos de los demás
problemas que se consideraron principales (transparencia y
credibilidad en el gobierno, calidad de la educación
pública, crimen, entre otros). El porcentaje de individuos
que viven en hogares en los que al menos un miembro ha sido
víctima de algún acto de corrupción en
2002 asciende a 5,2%. Si se excluye de la muestra a aquel
15% de hogares que no han tenido contacto con la administración
pública durante el año analizado, la incidencia
de corrupción asciende a 6,1%. Los montos pagados por
los hogares a los servidores públicos corruptos representaron
el 0,4% de sus gastos totales, y el 1,1% de sus gastos en
alimentación. A pesar de las apariencias, este monto
es lejos de ser insignificante ya que constituye aproximadamente
un tercio de aquello que el gobierno le transfiere a los hogares
a través de programas sociales de lucha contra la pobreza.
En oposición al consenso existente
(Banco Mundial, 2000), en Perú, los pobres son los
menos afectados por la corrupción. La incidencia de
la corrupción aumenta en concordancia con los estándares
de vida. Sin embargo, dos elementos relativizan este diagnóstico.
Por un lado, la diferencia en el acceso a los servicios públicos
se debe, en gran medida, a la corrupción, la cual desmotiva
en particular a aquellos individuos menos capaces de asegurar
efectivamente la protección de sus derechos, es decir,
a los pobres. Por otro lado, el coeficiente de corrupción
no varía sustancialmente con relación a los
estratos socioeconómicos, y los montos pesan más
entre los pobres, cuyos gastos en necesidades básicas
son ya insuficientes.
Corrupción y pobreza por niveles
de vida
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Fuente: Nuestras estimaciones se basan en la ENAHO 2002,
IV trimestre: 18,598 hogares
Nota: esto representa el número de individuos que
viven en un hogar en el que al menos un miembro ha sido
víctima de la corrupción.
*** Las diferencias entre pobres y no pobres son significativas
al 1%. |
Las instituciones encargadas de luchar contra
la corrupción, es decir, el poder judicial y la policía,
son precisamente en las que existen más casos de corrupción
(con 31% y 15% de los casos, respectivamente). Las proporciones
son más altas entre los pobres. En estas condiciones,
no resulta sorprendente que dichas instituciones se ubiquen
entre las cinco instituciones más criticadas por los
peruanos (además de los partidos políticos,
el Congreso y los gremios). El 65% y el 58% no confían
en el poder judicial y la policía, respectivamente.
Por este motivo, 9 de cada 10 personas no se involucran en
procesos para denunciar los actos de corrupción de
los que son víctimas, especialmente por temor a las
represalias. Cabe señalar, además, que la insuficiente
acción del gobierno con respecto de la corrupción
perjudica más a los pobres que a los no pobres.
En tal sentido, no resulta extraño
que, según la encuesta analizada, más de un
tercio de la población considere que la corrupción
se ha expandido entre 2001 y 2002 a pesar de los mecanismos
elaborados para erradicarla, mientras que tan sólo
el 15% piensa lo contrario. Los pobres son menos optimistas
que los no pobres con respecto de la posibilidad de que la
corrupción sea aminorada. Por tanto, es probable que
las demandas de participación ciudadana y de medidas
contra la pobreza en los sectores más vulnerables continúen
asociándose con la lucha contra la corrupción
en la agenda política presente y futura del país.

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