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A
pesar de los cientos de millones de dólares que se
invierten cada año en Programas Alimentarios, la desnutrición
continúa siendo uno de los más graves problemas
del Perú. Por ello, este estudio busca generar información
para mejorar la efectividad y eficiencia de uno de los programas
de mayor envergadura a nivel nacional: el Vaso de Leche. De
este modo, no sólo el Estado podrá contar con
mayor información para asignar de mejor manera sus
escasos recursos, sino también se fomentará
la vigilancia pública del programa. Con este fin, se
explora y analiza empíricamente, para el periodo 1999-2000,
el impacto de dicho programa sobre el nivel de desnutrición
crónica de los niños menores de 5 años.
Situación nutricional actual
y el programa del vaso de leche
En los últimos años, se ha logrado
ciertos avances en lo referido a la lucha contra la desnutrición
infantil en el Perú. Así, entre 1991 y el 2000,
las cifras de desnutrición crónica para los
niños menores a 5 años se redujeron en 11 puntos
porcentuales[1]. No obstante, este porcentaje
aún bordea el 22%[2], indicador
que esconde diferencias en cuanto a su distribución
geográfica y por niveles de pobreza.
Gráfico
1
Distribución del nivel de desnutrición
crónica según área geográfica
y niveles de pobreza |
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Fuente: Encuesta Nacional de Niveles de Vida 2000.
Elaboración propia. |
Así, se puede apreciar en el Gráfico
1 que las áreas con un mayor porcentaje de niños
desnutridos son las zonas rurales (33%) y la población
en pobreza extrema (40%) del país. Por su parte, el
programa del vaso de leche, a pesar de ser el de mayor cobertura
en el nivel nacional (involucra al 78% de beneficiarios de
algún programa social), tiene uno de los costos por
ración más elevados (S/.1,247 por cada 1,000
Kcal), y presenta el menor contenido nutricional por ración,
tanto energético (15%) y proteico (15%) como de hierro
y vitaminas.
Evaluación del impacto sobre
el indicador de nivel nutricional
Para estimar el impacto del programa sobre
el nivel nutricional de los niños menores de 5 años,
se utilizó la metodología del Propensity
Score Matching, la cual consiste de 4 pasos:
1. Construir el modelo de participación en el programa,
2. Obtener la probabilidad estimada de participar en el mismo
(Propensity Score)
3. Estimar el contrafactual, es decir aquel o aquellos individuos
del grupo de “control” o comparación, según
la cercanía del Propensity Score con el cual
se va a estimar el impacto individual de cada beneficiario
4. Calcular el impacto total del programa a través
de un promedio simple de los impactos individuales
Así,
se consideró pertinente incluir dentro del modelo de
participación algunas de las siguientes variables (Enniv
2000), las cuales se basan en la literatura sobre los determinantes
del nivel nutricional del niño: variables del niño
(género, lengua materna nativa y edad), variables de
la madre y del jefe de hogar (edad de la madre al nacer el
niño, nivel educativo de la madre, etc.), variables
del hogar (género del jefe de hogar, nivel socioeconómico,
etc), variables distritales (indicadores de pobreza distrital,
infraestructura de salud, etc.) y variables geográficas
(área de residencia, regiones administrativas).
Siendo la mejora del nivel nutricional el
objetivo del programa del vaso de leche, se seleccionó
como indicador del mismo el índice de talla por edad[3]
para estimar el impacto del programa sobre el nivel
nutricional. Empleando este indicador se comprobó,
para todos los modelos considerados y distintas técnicas
de emparejamiento, que el efecto promedio del programa del
vaso de leche resulta negativo[4] .
La robustez de los resultados es preocupante, dado que indican
que el programa del vaso de leche no cumple con su propósito,
sin importar el tipo de variables que se utilicen como controles
para comparar a los beneficiarios contra los no beneficiarios
o las técnicas metodológicas.
Así, los resultados cuantitativos de
este estudio respaldan otros resultados cualitativos hallados
por el Instituto Cuánto, lo que podría indicar
que el programa del vaso de leche no se constituye como una
verdadera estrategia de apoyo nutricional, dado su bajo contenido
energético y proteico, convirtiéndose así
en una simple transferencia de ingresos en forma de alimentos.
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completa de este trabajo.
[1] Instituto Nacional de
Estadística e Informática (INEI) – Encuesta
Demográfica y de Salud Familiar (ENDES).
[2] Cifras de la última Encuesta
Nacional de Niveles de Vida para el año 2000 (ENNIV
2000).
[3] Específicamente el Z-score, una medida estadística
de la distancia de la mediana de la talla por edad expresada
como una proporción de la desviación estándar.
[4] Es decir, bajo todos los modelos considerados, se constató
que los niños beneficiarios estaban peor nutridos que
su respectivo grupo de control de niños no beneficiados.

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