El Ministro Quijandría
ha defendido la reforma tributaria y afirma que traerá
una serie de beneficios a la población. Ha señalado
que permitirá atender las demandas sociales, los gastos
prioritarios del presupuesto y además pagarán
más los Dionisio Romero del Perú. La tan comentada
reforma tributaria, que aún espera la discusión
del Congreso, se dice que no castigará a los más
pobres.
No
quisiera discutir si el poblador más pobre del Perú
es afectado o beneficiado por la reforma tributaria. Quisiera
centrar mi análisis en el peruano promedio. Ese que
tiene un salario promedio de 800 soles mensuales.
El centro de la reforma tributaria lo constituye
la intención del MEF de bancarizar forzosamente el
conjunto de transacciones más importantes, y por otro
lado, aplicar un impuesto de 0,2% a cualquier dinero que entre
o salga del sistema financiero.
Déjenme suponer para fines de la discusión
posterior asumir que el Congreso otorga las facultades legislativas
y el Ejecutivo no las desaprovecha y establece este impuesto.
¿Qué deberíamos esperar para el próximo
año? ¿Cómo será el camino hasta
el 2006? En mi opinión, el impuesto no alcanzará
a recaudar todo lo que se anticipa. El Ejecutivo estará
obligado a incluir 100 excepciones al mismo para evitar la
destrucción de una serie de mercados clave de la economía
(el mercado interbancario, el mercado de forwards, etc).
Fiscalmente el Gobierno estará mejor
unos meses y pronto aparecerán las inacabables demandas
sociales. ¿Creen que con mil millones más de
presupuesto se pueden “controlar” las demandas
sociales?
El Gobierno comete el error más simple.
Financia nuevos y crecientes gastos permanentes con impuestos
transitorios. Eso es insostenible aquí y en cualquier
parte. La solución es moderar el gasto o hacer que
esos impuestos transitorios sean permanentes. Otra posible
salida es seguir recurriendo a impuestos que recaudan pero
generan efectos perjudiciales para el resto de la economía.
Pensemos un segundo en el ciudadano. ¿Qué
es lo que le interesa al peruano que gana 800 soles al mes?
Básicamente tres cosas: (1) que su trabajo sea lo más
estable posible, todo el mundo odia estar obligado a buscar
un nuevo trabajo; (2) que ese trabajo le brinde suficiente
capacidad de gasto para atender las necesidades de su familia;
(3) que sus hijos tengan más oportunidades que las
que el tuvo.
El talón de Aquiles de esta reactivación
es que el impulso fiscal nunca se tradujo en una apuesta frontal
y decidida por la inversión privada. Una inversión
privada vapuleada por los eventos de Arequipa, por las inacabables
indecisiones presidenciales, y por un Congreso dispuesto a
cambiar cualquier ley si es que “lo pueblo lo pide”.
La inestabilidad es la peor enemiga de la
inversión. Y es la inversión privada la que
hará que ese trabajador gane 1000 y no 800 por tener
un puesto de trabajo más productivo, más estable
y con mejores proyecciones para el futuro. Impuestos ineficientes
para gastos ineficientes es una pésima combinación.
Lima, Septiembre de 2003
Acceda a algunos estudios desarrollados por
el investigador Eduardo Morón por encargo del Consorcio
de Investigación Económica y Social (CIES).

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