Desde
el anuncio del envío de la carta de Robert Zoellick
a su Congreso para iniciar negociaciones, se desató
en el país una euforia triunfalista. Sin duda es importante
tener reglas de juego comerciales estables con la primera
potencia del mundo y uno de nuestros principales socios. También,
el objetivo de consolidar el ATPDEA y buscar atraer inversión
extranjera. Pero, se han soslayado aspectos que consideramos
importantes en la discusión.
EL CONTEXTO
Un referente obligatorio lo constituye el fracaso
de las negociaciones de la OMC en Cancún, tal como
ocurrió en Seattle. Lo de Doha parece haber sido un
avance que se dio principalmente por motivos políticos(frente
antiterrorista unido después del 11 de setiembre).
Mientras Europa ha ratificado su prioridad
en el multilateralismo, EEUU decidió profundizar su
política de “hub and spoke”.Para ello era
necesario debilitar el G-21 y aislar a Brasil en las negociaciones
hemisféricas. Ante las presiones, varios gobiernos
en la región se alinearon con la posición de
EEUU, retirándose del G-21 y/o enfrentando al Brasil.
Por tanto, no se trata-como se ha desinformado
localmente- de una iniciativa bilateral con el Perú
por ser los “mejores del vecindario”, o por estar
acercándonos cada vez más a una posición
de alineamiento automático que caracterizó al
gobierno argentino de los noventa.
Prueba de ello es que se lanza la iniciativa
para LOS PAISES ANDINOS con la misma fundamentación
que se nos otorgó el ATPDEA. Aún cuando se negociará
a dos velocidades, primero Colombia y Perú, y después
los otros países excepto Venezuela. Explícitamente
se señala que este acuerdo debería promover
la integración andina, y complementar la indispensable
coordinación necesaria para combatir el narcotráfico,
construir instituciones democráticas y promover el
desarrollo socioeconómico.
EEUU completa así los acuerdos iniciales
con NAFTA, Chile, el que culminará con Centroamérica
probablemente antes que termine el año, a lo que se
ha sumado el inicio de negociaciones con Panamá y República
Dominicana. Ahora los andinos, y no se ha descartado un acuerdo
4+1 con Mercosur , que en cualquier escenario negociará
en bloque.
El propio BID ha reconocido que este esquema no es el más
eficiente para construir una zona de libre comercio hemisférica.
CONTENIDO Y ALCANCE DEL ACUERDO
Para EEUU, la estrategia anterior, además
de consolidar su hegemonía en el hemisferio, le permitirá
avanzar en temas que se entramparon en las discusiones OMC.
Tal como ocurrió antes con el NAFTA, desde acuerdos
regionales se buscará compromisos más profundos
(esta vez en temas de la Agenda Singapur y normas laborales
y ambientales), para ir con una posición más
firme a la reanudación de negociaciones multilaterales.
El
modelo techo no será necesariamente el acuerdo Chile-EEUU,
como lo muestran las negociaciones con Centroamérica
(parece ser más bien el piso). EEUU tenderá
a exigir cada vez más, sobretodo cuando se tiene aliados
locales complacientes, y que creen que lo mas beneficioso
será firmar un acuerdo lo más rápido
posible para ganarle al resto. Esto sería un gravísimo
error.
En la carta de Robert Zoellick al Congreso,
se plantea que los andinos deben eliminar normas inadecuadas
en propiedad intelectual, altas tarifas en bienes agrícolas,
uso injustificado de normas sanitarias y fito sanitarias,
trato discriminatorio a su inversión y sus proveedores
de servicios. Además, normas laborales, y ambientales
que garanticen un desarrollo sostenible, y una participación
en el régimen de compras gubernamentales sin discriminación.
Al Perú, específicamente se le reclama una justa
y expeditiva resolución de disputas judiciales con
inversionistas de ese país.
Adicionalmente, el acuerdo de libre comercio
con los países andinos debe:
”tomar en cuenta otros legítimos intereses de
EEUU que incluya pero que no se limite a la protección
de la salud, seguridad, ambiente, seguridad esencial, y los
intereses de los consumidores”(carta al Congreso pp8)
¿Todo ello a cambio de que? De mantener el statu -quo.
Es decir, para mantener el acceso actual de mercados que nos
garantiza el ATPDEA. EEUU tiene una transparente política
de estado que defiende su interés nacional, y esta
muy bien.
¿Cual es nuestra carta equivalente
donde se señalen los objetivos en la negociación,
además de consolidar el ATPDEA? No se ha planteado
aún ninguno adicional, suponemos porque se esta preparando
la posición negociadora. Lo grave es que esta ya debería
estar lista. Nos hemos tirado a la piscina -además
en un clavado- sin saber si hay agua o no, porque lo que aquí
se acuerde afectará decisivamente nuestra estructura
productiva y futuro.
No hay estudios de impacto suficientes, tampoco. Preocupa
la decisión política al más alto nivel,
que parece ser la de un acuerdo a cualquier costo. Sin objetivos
claros, ni posición negociadora definida, sin estudios
de impacto que consideren diversos escenarios, la tarea será
muy complicada para cualquier negociador, por muy preparado
o bien intencionado que sea. Peor aún, si entre los
candidatos negociadores, se menciona a ciudadanos norteamericanos
o que representan los intereses de empresas estadounidenses
en nuestro país.
COSTOS Y BENEFICIOS.
Se debe superar la precariedad en la que nos encontramos
convocando a la sociedad civil, congreso, regiones, sectores
productivos, aún cuando sean críticos al acuerdo.
El Ministerio de Comercio ha mostrado una actitud dialogante
inicial, que es positiva. Algunos estudios dan resultados
diversos según la metodología, y aún
con la misma, difieren los resultados por la base de datos
utilizada.
Pero, en ningún caso, las estimaciones
avalan la euforia triunfalista. Hay resultados positivos pero
muy modestos en bienestar, e incremento de producción
y exportaciones. Se estiman déficits comerciales y
fiscales significativos y sectores productivos afectados,
excepto textil-confecciones y agroindustria emergente.
Todo ello con supuestos restrictivos, sin análisis
de detalle por sector, sin incluir las nuevas demandas de
EEUU, sin considerar las medidas domésticas para fomentar
exportaciones y competitividad, sin mecanismos compensatorios
para sectores y/o regiones potencialmente afectadas. Esto
sólo se puede comenzar a revertir con la convocatoria
y participación efectiva de los agentes económicos
y sociales NACIONALES del país. Esto implica que tengan
capacidad de negociación ,y que no sean convidados
de piedra, como ha pasado muchas veces en la historia nacional.
Nuestro país tiene una estructura productiva
diversificada, y no debe unilateralizar su opción de
inserción internacional. Europa es un socio fundamental
en comercio, inversión y cooperación, que no
podemos descuidar. Tampoco a los países de la región
Asia Pacífico. Todo ello consolidando nuestra posición
en Sudamérica y la articulación de CAN y MERCOSUR.
Es mucho lo que está en juego, y no
hay tiempo. Nadie debería ponerse de costado en la
tarea de elaboración de propuestas que cautelen el
interés nacional. Salvo quienes quieren que tengamos
la pluma lista para la firma de lo que nos pongan delante.
Al final, todos afrontaremos las consecuencias.
Ningún TLC reemplaza una estrategia de desarrollo.
Y esto es lo primero que deberíamos consensuar de una
vez por todas. Desde este enfoque deberíamos impulsar
la inserción internacional del Perú , y específicamente
este proyectado acuerdo de libre comercio.

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