En
el Perú existen algunos casos de políticas activas
en el mercado laboral – por ejemplo, programas de capacitación
y servicios de empleo- , aunque su pequeño tamaño
y escaso presupuesto limitan los efectos positivos y la cobertura
que estas puedan tener sobre sus beneficiarios. Se estima
que la inversión en estos programas en el año
2002 no alcanzó el 1% del presupuesto social del gobierno.
En el estudio “Políticas activas
en el mercado laboral peruano” se analiza en detalle
el caso de la capacitación y los servicios de empleo.
El objetivo de los programas de capacitación, es desarrollar
habilidades, conocimientos, destrezas y competencias laborales
y/o empresariales en personas que no se encuentran en condición
de insertarse en el mercado laboral. Sin embargo, dicho objetivo
aún no se ha hecho llegar a la mayoría de la
población por varios motivos. En Perú, no existe
propiamente un “Sistema” de capacitación,
sino más bien un conjunto disperso y heterogéneo
de entidades de capacitación, muchas de las cuales
enfrentan problemas de baja calidad. Como la capacitación
es un servicio cuya calidad solo se conoce luego de consumirse,
surge aquí una falla en este mercado que es necesario
corregir con mecanismos de información. La baja calidad
de la oferta de capacitación tiene también que
ver con su pobre contacto con el mundo empresarial, el desfase
de las currículas y poca estandarización de
las mismas. Precisamente, programas que han intentado contactar
la capacitación con la demanda de las empresas –
como el Programa Pro Joven- han tenido impactos significativos.
Otro problema en este mercado se refiere a
una externalidad muy importante: la capacitación es
difícilmente apropiable completamente por quien paga
por ella. Por eso, se ha encontrado que muchas empresas capacitan
poco a su personal. A pesar de ello, la capacitación
en las empresas es la que mejores retornos produce, no solo
para los trabajadores sino también para las empresas.
Así, por ejemplo, estudios como los de Chacaltana y
García (2002)[1]
muestran que las empresas que capacitan a sus trabajadores
generan niveles de valor agregado 25% mayores que aquellas
que no lo hacen. La razón es que las empresas proporcionan
conocimientos que realmente son de utilidad para sus necesidades.
En el caso de los servicios de empleo, existen
también heterogeneidad y falta de regulación.
Existen agencias de empleo públicas y privadas. En
el caso de los servicios privados, este es un mercado poco
regulado. Es cierto que muchas agencias privadas tienen estándares
de alta calidad, pero también existen otros operadores
de muy baja calidad. Ocurre que en un país donde el
empleo es escaso, incluso la promesa de un empleo se puede
comercializar, y muchas veces sin beneficio para los trabajadores.
En el caso del servicio público de empleo, una de las
tareas más básicas de cualquier Ministerio de
Trabajo, este muestra escasa cobertura debido principalmente
al presupuesto bajísimo que le asigna el Estado. Por
tanto, este servicio es muy dependiente de la cooperación
internacional. Sin embargo, una evaluación realizada
a este sistema indica que tiene también retornos interesantes:
los que pasaron por el servicio público de empleo en
un año, al año siguiente tenían más
probabilidades de estar ocupados que aquellos que no pasaron
por ningún servicio de empleo.
La explicación que se propone es sencilla.
Dado que las personas usualmente buscan empleo a través
de redes personales, el servicio de búsqueda de empleo
les permite ampliar dichas redes. Es interesante notar, en
ese sentido que estos servicios colocan a sus beneficiarios
en empleos formales y del sector moderno de la economía.
Así, aun cuando los empleos puedan ser muy sencillos,
el efecto de ampliar la redes de contactos personales amplia
las posibilidades de los individuos de reemplearse en el futuro.
Recomendaciones de política
La revisión de la experiencia peruana
muestra que, actualmente, se le asigna muy poca importancia
a los programas de capacitación laboral y a los servicios
de búsqueda de empleo. A pesar de ello, experiencias
pequeñas llevadas a cabo en el Ministerio de Trabajo
peruano han mostrado resultados interesantes. El problema
de estos programas es que son solo eso: programas. Para resolver
los enormes problemas que tiene el mercado laboral peruano,
además del necesario crecimiento de la economía,
se requiere que estos programas transiten un camino que los
convierta de “programas piloto exitosos” a “políticas”
en sentido estricto. Por ejemplo, un programa exitoso de capacitación
como el Pro Joven, no puede ser la “política”
de capacitación del Estado. Para resolver el problema
de la capacitación laboral en el Perú, se requiere
mirar al mercado de capacitación en su conjunto, dar
medidas orientadas a generar un Sistema Nacional de Capacitación
y eliminar las fallas que existen en este mercado y que están
asociadas a su propia naturaleza: fallas de información
asociadas al tipo de bien que se comercializa y la externalidad
asociada a la escasa apropiabilidad de las inversiones en
capacitación. En el caso de los servicios de empleo,
se requiere regular el “mercado” privado de agencias
de empleo, y definir el rol del servicio público de
empleo, como complementario al privado.
Podrá descargar la versión completa de este
estudio siguiendo este hipervínculo.
[1] Ver Chacaltana, J.
y N. García, “Flexibilización, capacitación
y productividad laboral”, Organización Internacional
del Trabajo, Lima, 2002.

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