Lima 31/ 05/ 04
¿Qué implica el TLC con EEUU?
Claudio Herzka
Investigador de IPAE

Estamos involucrados en un proceso de negociación cuyo más aparente objetivo de corto plazo es facilitar el acceso al mercado de consumo más grande del mundo para un importante conjunto de productos peruanos. Ello, se espera, creará condiciones para que inversionistas extranjeros y nacionales localicen sus empresas en el Perú para aprovechar la apertura del mercado. Sin embargo, si examinamos el tema con más profundidad vemos que el suscribir un TLC con Estados Unidos tiene aristas mucho más complejas.

En primer lugar, simplemente examinando los acuerdos de libre comercio firmados por México y Canadá, Chile, y los países centroamericanos, queda claro que el Perú tendría que aceptar un conjunto adicionales de reglas de comportamiento económico y financiero que le reduce grados de libertad. Estas normas, junto con las que están definidas por el sistema económico internacional que van desde las obligaciones relacionadas con ser miembros del FMI, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, Organización Internacional del Trabajo, Acuerdo de Basilea, por solo nombrar unos de muchos más, crean un marco de restricción para la acción del gobierno peruano. Salirse de este marco tiene costos, algunos elevados –como demostró el incumplimiento de los pagos de la deuda en la década del 80-, y otros no tan altos.

Hay quienes sostienen que un acuerdo como el TLC con EEUU solo nos pone en igualdad de condiciones con los otros países firmantes de este tipo de acuerdo, y que no hacerlo implica de por si un costo de oportunidad por el desvío de las inversiones a dichos países. Otros sostienen que suscribir el TLC favorece la estabilidad económica del país al imponer ciertos comportamientos que limitan la discrecionalidad de los gobernantes de turno. En un país que tiene tantas debilidades institucionalidades como el Perú ello es visto como un aspecto positivo, más que una restricción a los grados de libertad de acción interna. Sobre este tema el debate es y será arduo, largo, y sin acuerdo entre posiciones discordantes.

En segundo tema es la capacidad del país de aprovechar lo que la apertura del mercado ofrece. Lo que un TLC otorga es una oportunidad, no una realidad. El Perú, a través de los años ha suscito muchos acuerdos cuyo objetivo era la apertura de mercados, pero las pocas evaluaciones que existen parecen respaldar la visión de que no hacemos buen uso de la ventaja obtenida por los negociadores. Para exportar se tiene que tener no solo una clara visión exportadora, sino una decidida política de aumentar la productividad y por ende la competitividad. Ello significa crear un entorno favorable en áreas tan importantes como la infraestructura física nacional –que en algunas regiones es altamente deficiente- y en los niveles de capacidad de los trabajadores, en buena cuenta a través de la educación general y la capacitación dirigida. Se debe facilitar también el acceso a sistemas ágiles de colocación de fondos de riesgo en el mercado de capitales y a los servicios básicos a costos competitivos. También se debe fomentar la investigación y el desarrollo de nuevos productos y técnicas de producción, los sistemas internacionalmente aceptables de control de calidad y el cumplimiento de normas de gestión ambiental y laboral, solo para citar algunos de los aspectos más relevantes. Es decir, se tiene que construir una política general de Estado dirigida a crear las condiciones para una mayor competitividad empresarial, considerando que los indicadores internacionales señalan grandes deficiencias para el caso peruano.

Finalmente, toda negociación entre dos partes traerá costos para cada una de ellas. Es indudable que cualquiera sea la forma que tome el TLC, habrá repercusiones desfavorables para ciertos sectores o empresas peruanas. En este caso, es necesario desarrollar políticas de mitigación de los efectos negativos y de apoyo a las empresas que se enfrenten con la necesidad de salir del mercado. En esta área hay que contemplar el tema de reasignación de los trabajadores, especialmente mediante programas de capacitación en función de las demandas laborales existentes.

Negociar un TLC es complejo y arduo, pero mucho más difícil es crear las condiciones para que las ganancias en beneficios sean mayores que los costos reales que se producen. De nada sirve hacer un balance ex-ante indicando que hay un resultado favorable, si después se pagan los costos sin lograr los resultados esperados.