Si
la necesidad de las reformas en los años noventa era
discutible, los cambios que la integración andina y
el ALCA traerán serán inevitables y difícilmente
podrán mejorar los logros alcanzados con las reformas
de la década pasada. En efecto, desde 1992 el sector
eléctrico peruano ha evolucionado de manera positiva.
Las reformas introdujeron mayor competencia en los sectores
de generación y contratos de electricidad, un poder
de regulación independiente del gobierno y una importante
participación del sector privado nacional e internacional.
Esto resultó en un servicio de electricidad seguro
y de calidad, con precios estables y un coeficiente de electrificación
creciente.
La ineficiencia del sector, su cobertura eléctrica
limitada y las tarifas desproporcionadas de los años
ochenta fueron revertidas a través de reformas que
incluían la desintegración horizontal y vertical
de Electroperú y Electrolima, la privatización
parcial y progresiva de las mismas, la libre competencia por
los contratos de los grandes consumidores (de más de
1 MW) y la creación de organismos reguladores independientes.
Como resultado de ello, el sector eléctrico
se desarrolló en 2001 en un mercado muy desintegrado,
con más de 30 empresas de producción de electricidad,
7 de las cuales tenían infraestructura de transmisión
y 21 hacían la distribución. Más del
50% de la energía fue vendida en el mercado libre.
Además, el coeficiente de electrificación creció
hasta más del 70% en 1999, a diferencia del 50% en
1990. Las pérdidas de energía de las distribuidoras
disminuyeron de 21% a 10% entre 1993 y 2000, las ventas totales
de energía se duplicaron de 7,603 GWh en 1990 hasta
15,525 GWh en 2000. Finalmente, como el precio para el consumidor
residencial es comparable con el nivel internacional (alrededor
de 0.1 US$/KWh), se puede concluir que las reformas fueron
globalmente positivas para el país.
En la actualidad, sin embargo, el acuerdo
de integración adoptado por la Comunidad Andina de
Naciones (CAN) y las ya avanzadas reuniones del ALCA presagian
cambios que resultan más bien actos de fe en el mercado
que pasos hacia soluciones para resolver la problemática
actual. En este contexto, el acuerdo firmado con la CAN establece
una política activa de integración de los países
miembros, lo que incluye la integración del sector
de la electricidad en el marco de un mercado competitivo,
con contratos libres e intercambios de oportunidad entre los
operadores de los sistemas, y donde la participación
del sector privado es intensamente promovida.
A pesar de los beneficios esperados con la
mayor integración, tales como una eficiencia global
creciente, la realización de mayores proyectos, una
mayor competencia y liquidez en el mercado, menores riesgos
de abastecimiento y menores impactos ambientales, existen
problemas que se derivan de dicha integración. En primer
lugar, los precios de los países exportadores se incrementarían,
en perjuicio de los consumidores del país exportador
y, en particular, de los más pobres. Segundo, los países
con una mayor volatilidad en sus precios la exportarán.
Surge, adicionalmente, una paradoja con relación
al desarrollo de un mercado integrado. Si la integración
generará tantos beneficios, ¿por qué
no hay mayor participación del sector privado? Y, por
el contrario, si la participación de los gobiernos
en el sector es necesaria, ¿por qué insistir
tanto en la participación del sector privado?
Por su parte, la firma del ALCA, prevista
para Enero de 2005, involucraría algunos cambios adicionales
que podrían no ser beneficiosos para algunos sectores
de la población. Dado que el servicio de electricidad,
en la actualidad, no se considera formalmente como un servicio,
las cláusulas de acceso al mercado y competencia no
incluyen al sector eléctrico. No obstante, las negociaciones
actuales ya han trabajado sobre una nueva propuesta para clasificar
los servicios en el sector eléctrico de forma de incluirlo
en la clasificación de servicio y esté afecto
a las cláusulas que fomentan su apertura y competencia.
Actualmente existen dos limitaciones importantes
en el acceso al mercado de la venta de energía eléctrica
que deberán cambiar para ingresar al ALCA. En primer
lugar, sólo los generadores y distribuidores están
autorizados a vender electricidad en el mercado. Por ello,
es necesario eliminar las barreras de acceso a y salida de
este mercado. Además, dado que la ley peruana utiliza
el concepto de servicios públicos y que en el ALCA
dicho concepto no es considerado, la consistencia requerida
para su firma entre las leyes nacionales y el acuerdo implicará
la eliminación de la noción de servicio público
de la ley en el país. Ello perjudicará a aquellos
que se benefician con los subsidios al sector.
Ningún cambio va a transformar el sector
eléctrico en el corto plazo. Pero la integración
y las negociaciones comerciales actuales podrían tener
efectos significativos en el sector eléctrico. Principalmente,
ejercerán una presión sobre el gobierno para
cambiar la regulación de este sector por un modelo
con mayor competencia de corto plazo y menores recursos y
subsidios para los pequeños consumidores. El problema
es que ningún cambio ofrece soluciones a los problemas
existentes en el sector. En realidad, estas reformas implicarían
mayores complicaciones en el mercado de la electricidad, especialmente
cuando nadie en el sector las ha pedido.
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