Existen
al menos dos percepciones distintas sobre el objetivo del
microcrédito. Algunos sostienen que debe asumir un
rol en la reducción de la pobreza. Otros argumentan
que su objetivo debe ser lograr su sostenibilidad financiera.
A pesar que ambos son deseables, un análisis de la
oferta de microcrédito revela que los prestamistas
formales[1]
muestran una falta de interés en el sector por su alto
riesgo. Además, el acceso al microcrédito está
restringido a solo aquellos dispuestos a pagar elevadas tasas
de interés. Sin embargo, este análisis no toma
en cuenta que las tecnologías crediticias tradicionales
del sector formal no son las más adecuadas para brindar
servicios al sector de bajos ingresos[2].
Esta omisión podría llevar a tomar malas decisiones
de política por parte de las entidades relacionadas
con el tema.
Para lograr que los sectores de bajos ingresos
accedan al microcrédito, las instituciones microfinancieras
deben idear las tecnologías crediticias más
adecuadas. Las tecnologías crediticias un conjunto
de acciones y de procedimientos llevados a cabo para dar paso
a una transacción. Dichas tecnologías deben
estimar la capacidad y voluntad de pago los demandantes y
brindar los incentivos necesarios para fomentar el cumplimiento
de los compromisos. Existen dos condiciones para que una tecnología
crediticia sea eficiente. La primera es que la tasa de interés
cobrada permita la sostenibilidad de la institución
micro financiera. La segunda es que los costos relacionados
con el establecimiento de los contratos y con el aseguramiento
de su cumplimiento no sean tan elevados que desincentiven
a los clientes. De otro lado, las tecnologías deben
ser lo suficientemente flexibles para enfrentar cambios en
la capacidad de pago de los clientes debido a sucesos inesperados
o shocks.
COFIDE realizó una encuesta a 900 hogares
para conocer el acceso al crédito y las características
de las transacciones crediticias de la población de
menores ingresos. La muestra incluyó a hogares rurales,
de comerciantes mayoristas y de microempresarios. De ellos,
589 tenían acceso a crédito en el momento de
la encuesta. Se encontró que en los sectores de bajos
ingresos la mayoría de créditos son obtenidos
de fuentes semi-formales e informales (81.5%). Sin embargo
estos resultados se invierten si se analiza el monto total
de los créditos. De los US$ 970,941 prestados, el 41.8%
fue otorgado por fuentes formales, el 38.9% por fuentes semi-formales
y el 19.3% por fuentes informales.
Asimismo se construyó un indicador
de eficiencia de la tecnología crediticia según
variables relevantes para los demandantes. Tales variables
incluyeron el flujo de caja de las instituciones microfinancieras,
el tiempo de selección y calificación del crédito,
el retraso en los pagos de las cuotas y los costos de los
trámites. Se encontró que el indicador disminuye
a medida que la formalidad de los prestamistas aumenta.
Por otro lado, al analizar los balances y
estados de pérdidas y ganancias de las instituciones
crediticias formales se encuentra tres resultados. Primero,
existen diferencias significativas en el resultado obtenido
por las instituciones bancarias a nivel nacional y a nivel
regional. Segundo, las instituciones bancarias tienen una
participación importante dentro del sistema financiero
de las regiones de estudio, siendo los niveles captados mayores
que los fondos colocados (lo que denota una transferencia
de fondos hacia las plazas financieras más rentables).
Por último, las instituciones bancarias en ambas plazas
presentan unos índices de morosidad demasiado elevados,
que no corresponden a negocios sostenibles ni con tecnologías
eficientes.
El riesgo es alto en el sector de bajos ingresos.
De los 589 hogares que obtuvieron créditos, el 80.5%
se vieron afectados por algún suceso inesperado. Los
hogares rurales representan el grupo más vulnerable
frente a este tipo de sucesos, con un 93.5% de los mismos
afectados por algún tipo de evento, seguidos de los
comerciantes mayoristas (79%) y los microempresarios (45%).
En conclusión, a mayor formalidad de
los prestamistas que participan en el sector microfinanciero
disminuye la eficiencia de su tecnología. Los prestamistas
informales tienen características socioeconómicas
comunes según el tipo de tecnología que usan,
y los hogares rurales son los más vulnerables a los
shocks. Estos hallazgos deben ser tenidos en cuenta por los
analistas de política y las empresas participantes
en el mercado de microcrédito para fomentar su crecimiento
y eficiencia.
[1] Se
define como prestamistas formales a las instituciones supervisadas
por la Superintendencia de Banca y Seguros, como semi-formales
a aquellas que tienen algún nivel de formalización
como acta de constitución y/o RUC.
[2] Ello ocurre porque los costos y riesgos son tan elevados
en los sectores de bajos ingresos que las tecnologías
crediticias del sector formal no son rentables.

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