Lima 30/ 06/ 04
¿Son eficientes los procedimientos y acciones de las
instituciones microfinancieras?
Hildegardi Venero
Investigadora del IEP

Existen al menos dos percepciones distintas sobre el objetivo del microcrédito. Algunos sostienen que debe asumir un rol en la reducción de la pobreza. Otros argumentan que su objetivo debe ser lograr su sostenibilidad financiera. A pesar que ambos son deseables, un análisis de la oferta de microcrédito revela que los prestamistas formales[1] muestran una falta de interés en el sector por su alto riesgo. Además, el acceso al microcrédito está restringido a solo aquellos dispuestos a pagar elevadas tasas de interés. Sin embargo, este análisis no toma en cuenta que las tecnologías crediticias tradicionales del sector formal no son las más adecuadas para brindar servicios al sector de bajos ingresos[2]. Esta omisión podría llevar a tomar malas decisiones de política por parte de las entidades relacionadas con el tema.

Para lograr que los sectores de bajos ingresos accedan al microcrédito, las instituciones microfinancieras deben idear las tecnologías crediticias más adecuadas. Las tecnologías crediticias un conjunto de acciones y de procedimientos llevados a cabo para dar paso a una transacción. Dichas tecnologías deben estimar la capacidad y voluntad de pago los demandantes y brindar los incentivos necesarios para fomentar el cumplimiento de los compromisos. Existen dos condiciones para que una tecnología crediticia sea eficiente. La primera es que la tasa de interés cobrada permita la sostenibilidad de la institución micro financiera. La segunda es que los costos relacionados con el establecimiento de los contratos y con el aseguramiento de su cumplimiento no sean tan elevados que desincentiven a los clientes. De otro lado, las tecnologías deben ser lo suficientemente flexibles para enfrentar cambios en la capacidad de pago de los clientes debido a sucesos inesperados o shocks.

COFIDE realizó una encuesta a 900 hogares para conocer el acceso al crédito y las características de las transacciones crediticias de la población de menores ingresos. La muestra incluyó a hogares rurales, de comerciantes mayoristas y de microempresarios. De ellos, 589 tenían acceso a crédito en el momento de la encuesta. Se encontró que en los sectores de bajos ingresos la mayoría de créditos son obtenidos de fuentes semi-formales e informales (81.5%). Sin embargo estos resultados se invierten si se analiza el monto total de los créditos. De los US$ 970,941 prestados, el 41.8% fue otorgado por fuentes formales, el 38.9% por fuentes semi-formales y el 19.3% por fuentes informales.

Asimismo se construyó un indicador de eficiencia de la tecnología crediticia según variables relevantes para los demandantes. Tales variables incluyeron el flujo de caja de las instituciones microfinancieras, el tiempo de selección y calificación del crédito, el retraso en los pagos de las cuotas y los costos de los trámites. Se encontró que el indicador disminuye a medida que la formalidad de los prestamistas aumenta.

Por otro lado, al analizar los balances y estados de pérdidas y ganancias de las instituciones crediticias formales se encuentra tres resultados. Primero, existen diferencias significativas en el resultado obtenido por las instituciones bancarias a nivel nacional y a nivel regional. Segundo, las instituciones bancarias tienen una participación importante dentro del sistema financiero de las regiones de estudio, siendo los niveles captados mayores que los fondos colocados (lo que denota una transferencia de fondos hacia las plazas financieras más rentables). Por último, las instituciones bancarias en ambas plazas presentan unos índices de morosidad demasiado elevados, que no corresponden a negocios sostenibles ni con tecnologías eficientes.

El riesgo es alto en el sector de bajos ingresos. De los 589 hogares que obtuvieron créditos, el 80.5% se vieron afectados por algún suceso inesperado. Los hogares rurales representan el grupo más vulnerable frente a este tipo de sucesos, con un 93.5% de los mismos afectados por algún tipo de evento, seguidos de los comerciantes mayoristas (79%) y los microempresarios (45%).

En conclusión, a mayor formalidad de los prestamistas que participan en el sector microfinanciero disminuye la eficiencia de su tecnología. Los prestamistas informales tienen características socioeconómicas comunes según el tipo de tecnología que usan, y los hogares rurales son los más vulnerables a los shocks. Estos hallazgos deben ser tenidos en cuenta por los analistas de política y las empresas participantes en el mercado de microcrédito para fomentar su crecimiento y eficiencia.

 

[1] Se define como prestamistas formales a las instituciones supervisadas por la Superintendencia de Banca y Seguros, como semi-formales a aquellas que tienen algún nivel de formalización como acta de constitución y/o RUC.
[2] Ello ocurre porque los costos y riesgos son tan elevados en los sectores de bajos ingresos que las tecnologías crediticias del sector formal no son rentables.