Dentro
del marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC)
las salvaguardias son parte del conjunto de medidas denominadas
de contingencia. Estas son medidas creadas por los países
industriales para defender los intereses de ciertos sectores
o grupos empresariales fundamentalmente por razones políticas.
Desde el punto de vista económico las salvaguardias
introducen nuevas “distorsiones[1]”
en el funcionamiento de los mercados las cuales pueden disminuir
el ingreso nacional del país que las impone. Estas
distorsiones son adicionales a las potenciales distorsiones
que llevan a imponer las salvaguardias en cada país.
Así, por ejemplo, si China subsidia
las prendas de vestir, los precios de exportación a
nivel mundial tenderán a reducirse, las importaciones
peruanas tenderán a aumentar y el gobierno peruano
podrá imponer aranceles como medida de salvaguardia
para proteger la industria de prendas de vestir. Similares
resultados se obtienen si un importador nacional subvalúa
los precios de importación o si existe una sobreproducción
de los principales insumos que usan las prendas de vestir.
En los dos primeros casos, los aranceles de salvaguardia agudizan
las distorsiones en el mercado. En el tercero generan una
distorsión innecesaria. Dicho en términos médicos,
la imposición de salvaguardias es como tomar una aspirina
por un dolor de cabeza sin saber exactamente la causa del
dolor. En muchos casos, la aspirina no necesariamente es la
solución como tampoco lo son las salvaguardias. La
solución es identificar primero la causa del dolor
(o la causa del aumento de las importaciones en el caso del
origen de las salvaguardias) y luego proponer remedios que
eliminen la causa.
La sobreproducción de los insumos,
los subsidios o la subvaluación con la aplicación
de los instrumentos de salvaguardia no benefician a nadie
en el país que impone estos instrumentos. Los consumidores
pierden porque las prendas de vestir se encarecen. También
pierden los productores de prendas de vestir porque se acostumbran
a la idea de competir a base de protección o de precios
y no vía costos[3].
Los empresarios en otros rubros (de producción interna
o de exportación) pierden en la medida que se encarecen
los recursos (insumos) comunes con el sector de prendas de
vestir. El gobierno pierde políticamente por el aumento
de precios que genera y por las potenciales repercusiones
internacionales de los países-socios comerciales que
son afectados por las salvaguardias. Finalmente cuando el
arancel temporal de la salvaguardia desaparece el sector al
cual protegía continúa siendo poco competitivo.
Los instrumentos de salvaguardias que este
Gobierno (los anteriores y probablemente el próximo)
desea mantener no son los primeros ni serán los últimos
que se realicen por presiones políticas (de sectores
o gremios empresariales específicos) a pesar de los
argumentos económicos en contra de su imposición.
Cuando los argumentos económicos (bajos los principios
de eficiencia y de equidad) prevalezcan en las decisiones
de las intervenciones del gobierno, el Perú estará
en una nueva senda: la del crecimiento con equidad.
[1] PhD.,
profesor principal del departamento de economía de
la PUCP y de CENTRUM CATÓLICA.
[2] Una distorsión existe cuando los precios de mercado
de los bienes o factores no reflejan los costos reales de
producción o de los servicios de dichos factores en
condiciones de competencia perfecta.
[3] Las nefastas consecuencias del largo período de
protección en la economía peruana están
ampliamente documentadas. Más aún, los sectores
de Textiles y Prendas de Vestir han sido parte de los sectores
de mayor protección en dicho período.

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