El
tipo de cambio nominal ha venido mostrando una tendencia decreciente
desde el 2003, que se acentuó en las últimas
semanas hasta llegar a niveles de 3.35 soles por dólar.
Las preguntas que surgen son dos: ¿por qué está
bajando el precio del dólar? y ¿el banco central
podría o debería hacer algo por impedirlo?
Un determinante principal del tipo de cambio
real es el resultado de las transacciones de bienes, servicios
y capitales que el país realiza con el resto del mundo.
El tipo de cambio deberá ser aquel que equilibra los
flujos de ingresos y egresos resultantes de estas transacciones.
Si existe en un inicio un exceso de flujos, el tipo de cambio
deberá caer para conseguir el equilibrio. Si en cambio
existe en un inicio un déficit de flujos, el tipo de
cambio deberá subir.
Por otro lado, el tipo de cambio es el precio
de un activo que está determinado por el retorno anticipado
de mantener dicho activo, activo que en este caso sería
el dólar. Si por alguna razón se diera una expectativa
de disminución en el precio del dólar en los
próximos meses, la gente venderá dólares
disminuyendo su precio actual y aumentando el precio esperado
hasta que la diferencia entre los dos se acerque. Por ello,
queda claro que el precio hoy del dólar está
fuertemente influenciado por las condiciones que se espera
afecten su demanda y oferta en el futuro. El tipo de cambio
se convierte así en una variable que junto a la estructura
de tasas de interés nacionales y extranjeras equilibran
el mercado nacional de activos financieros.
Considero que en nuestro caso están
actuando los dos factores. La caída del dólar
se explica en un comienzo por el superávit de flujos
provenientes de la balanza de pagos. Luego, las expectativas
sobre el comportamiento futuro del valor del dólar
derivadas tanto de las perspectivas superavitarias futuras
de la balanza de pagos como de la estructura de tasas de interés
nacionales y extranjeras donde las primeras ofrecen mayor
rentabilidad, comenzaron a ejercer presiones adicionales hacia
la baja derivadas de un reacomodo de portafolios (stocks)
de los diferentes agentes económicos que prefieren
reducir sus tenencias en dólares y volcarse hacia el
sol o hacia otra moneda considerada como “fuerte”
(el Euro por ejemplo)
Ante esto el banco central ha tenido que intervenir
en repetidas oportunidades para evitar una excesiva variación.
Otros opinan que el accionar del banco central busca ponerle
algún tipo de “piso” al valor del dólar.
De esta forma se estaría tratando de influenciar las
expectativas futuras y reducir un potencial daño al
aparato productivo por reducciones en el tipo de cambio real.
Lo que en el fondo se plantea es si el tipo de cambio determinado
por cuestiones principalmente financieras (mercado financiero)
es el requerido para sostener la viabilidad del aparato productivo
nacional (mercado real) ya que la velocidad de ajuste del
primer mercado es mucho mayor que la del segundo, pudiendo
en el tiempo ocasionar daños al aparato productivo
de no mediar una pronta adecuación de éste a
la nueva realidad. ¿Qué hacer?
Si la caída del tipo de cambio es permanente,
el banco central no puede hacer mucho. Tendrá que reconocer
ese hecho. Sería un grave error ir contra la realidad
pues pondría en riesgo la meta inflacionaria o elevaría
peligrosamente el stock de deuda interna del BCR. En este
caso, la economía tendría que promover aumentos
de productividad, sobre todo en el sector de bienes transables,
para que la caída del tipo de cambio real no afecte
a dicho sector y a otros de la economía. Si la caída
fuese transitoria entonces estaría más justificada
la intervención del banco central para evitar inconvenientes
variaciones del tipo de cambio. Teniendo siempre muy presente
sus probables efectos sobre la inflación, claro está.
Una nota final sobre cómo interpretar
movimientos del tipo de cambio real. Normalmente se tiende
a interpretar una caída (apreciación) del tipo
de cambio real como pérdida de competitividad de una
economía. ¿Siempre es así? No, no lo
es. Existen circunstancias en las que una caída del
tipo de cambio real refleja efectivamente pérdida de
competitividad. Pero también puede reflejar mejoras
de competitividad cuando dicho movimiento se debe a ganancias
en productividad. Por lo que se debe ser muy cuidadoso a la
hora de sacar conclusiones sobre los efectos reales de un
movimiento del tipo de cambio.

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