La
eficiencia y equidad del gasto público pueden aumentar
significativamente con un proceso de descentralización.
Por ello el actual gobierno está impulsando este proceso
en las esferas política, económica y administrativa.
Sin embargo, una descentralización también supone
riesgos, ya que si los gobiernos subnacionales se endeudan
demasiado se generaría una desestabilización
fiscal. ¿Cómo se puede lograr una descentralización
efectiva sin generar desequilibrio fiscal?
En cuanto a las reglas fiscales, primero se
recomienda imponer restricciones estrictas al crecimiento
del gasto lo cual limitaría el crecimiento del gasto
no financiero. Segundo, todos los recursos provenientes de
mayor endeudamiento deberían ser utilizados en inversión
pública y no en gasto corriente. Tercero, debido a
que fijar un tope es demasiado restrictivo, se deberían
manejar rangos para ambos criterios. Por último, se
deben incluir severas penalidades en la Ley de Responsabilidad
Fiscal, que debería estar a cargo de una entidad autónoma
como el Concejo Nacional de Descentralización (CND).
Para poder hacer efectivas estas recomendaciones
será necesario modificar ciertas características
institucionales que impiden la coordinación entre los
gobiernos regionales y central. Para ello será necesario
dotar al CND de facultades para fiscalizar la evolución
de las finanzas públicas de los gobiernos descentralizados.
Por otro lado la dispersión de intereses de los actores
políticos, la poca claridad del proceso, la débil
separación de poderes y la gran disparidad de capacidades
entre las regiones hacen inviable una solución cooperativa.
Para superarlo se necesita crear un foro formal de discusión
política donde se decidan los lineamientos fiscales
y donde los gobiernos regionales empiecen a participar más
en las decisiones fiscales.
Pero no sólo el equilibrio fiscal es
importante. También es necesario tener criterios claros
para la asignación de recursos. El análisis
realizado determinó que el impuesto a la renta a las
empresas, el IGV e impuestos específicos, no deberían
ser trasladados a los gobiernos subnacionales. Por el contrario
sí se podría crear y destinar a los gobiernos
subnacionales un impuesto a las planillas y a los trabajadores
independientes (sobre la base del régimen general del
impuesto a la renta que se maneja al nivel del gobierno central)
y trasladar a los gobiernos municipales el Régimen
Único Simplificado (RUS). En éste último
caso los gobiernos municipales serían más autónomos
sin arriesgar la estabilidad tributaria nacional ya que el
RUS es un régimen impositivo con una participación
pequeña en el total de la recaudación.
Con esta distribución de impuestos
se plantearían dos esquemas. El primero es un esquema
subnacional que busque que todas las personas que habiten
en una determinada ubicación contribuyan directamente
con su localidad, el segundo es un esquema central que busque
promover la equidad.
Finalmente el monto de transferencias hacia
los gobiernos regionales debe establecerse como un porcentaje
fijo del IGV. Este impuesto representa más del 50%
de los ingresos tributarios y es el impuesto de recaudación
más estable. De esta manera se asegura una distribución
de las transferencias equitativa y predecible. Igualmente
las transferencias no deben desincentivar la función
de los gobiernos regionales de recaudar impuestos.
En conclusión el proceso de descentralización
debe estar diseñado de tal manera que no genere desequilibrio
fiscal. La asignación de impuestos debe generar responsabilidad
recaudatoria en los gobiernos regionales pero éstos
deben ser otorgados de una manera realista, teniendo en cuenta
la capacidad de gestión de los gobiernos regionales.
La asignación del gasto y la transferencia de competencias
hacia los gobiernos regionales deben realizarse paulatinamente,
de acuerdo a su capacidad de gestión, y acompañada
de la transferencia de los recursos financieros, técnicos
y humanos necesarios.
Para leer la investigación a texto
completo haga click aquí
http://www.consorcio.org/descentralizacionbcr.asp

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