Más
allá de un debate acalorado sobre la reforma pensionaria
deberíamos centrarnos en lo que en ella está
en juego. Debemos entender que la reforma pensionaria forma
parte de la reforma del Estado lo cual nos compete a todos.
Esta reforma implica que el Estado debe volverse mucho más
eficiente en la gestión de los servicios y bienes que
provee para que efectivamente cumplan con el objetivo de satisfacer
las necesidades de la población. Esto significa, entre
otras cosas, tratar de disminuir aquellos gastos excesivos
y por otro tratar de elevar la recaudación de ingresos.
Para lograrlo, no se debe crear necesariamente nuevos impuestos
ni aumentar los ya existentes sino desarrollar estrategias
para lograr que más personas paguen sus impuestos.
Pero volvamos al tema de los gastos que es
una piedra angular de un reforma del Estado, tema en el que
se enmarca la reforma pensionaria. Uno de los dos tipos de
sistemas pensionarios en el mundo es el llamado sistema de
reparto. En él los trabajadores aportan parte de sus
ingresos al Estado (quien en este tipo de sistemas es el que
generalmente administra los fondos) para crear un fondo conjunto
que después sirva para pagar las pensiones de los jubilados.
Este sistema implica que los fondos pasan a una sola bolsa
en donde los ingresos los constituyen los aportes de los trabajadores
activos y los egresos son los pagos de las jubilaciones de
las personas que ya dejaron de trabajar. Como cualquier sistema
de este tipo lo importante es que su financiamiento sea equilibrado,
es decir que los ingresos sean mayores o en todo caso iguales
a los egresos. Eso se cumple cuando el número de personas
que aportan es mucho mayor que el número de personas
que cobran jubilación.
Sin embargo, este tipo de sistema tiene un
problema que se ha visto agravado por la evolución
demográfica en el mundo. En efecto, el número
de aportantes va a ir disminuyendo y el número de pensionistas
va a ir aumentado. Esto definitivamente impacta en el equilibrio
financiero del sistema y lo vuelve deficitario. Como es el
gobierno el que administra estos bienes, el Estado es el que
debe asumir el déficit del mismo. Eso es tan importante
en el Perú que cerca del 15% del presupuesto de la
República está destinado a ese fin.
Ahora bien, la reforma del D.L. 20530 busca
disminuir el peso que significa para el Estado financiar el
déficit del sistema de reparto. Además este
D.L. discrimina a un grupo de trabajadores, dado que existen
pocos pensionistas con pensiones muy altas y un gran número
con pensiones bajas. Otro de los grandes problemas es el llamado
“efecto espejo”. Tal efecto consiste en que un
trabajador ya jubilado gana lo mismo que aquel que se encuentra
trabajando en la actualidad. Así, si aumenta el sueldo
de un trabajador activo se incrementa en la misma medida la
pensión del jubilado, algo que no ocurre en ningún
sistema.
El resultado es un sistema injusto y una gran
necesidad de recursos que deben ser cubiertos por el Estado
y con todos nuestros impuestos. En la medida que el tiempo
vaya transcurriendo el déficit irá aumentando
y la necesidad de financiamiento será mayor. El objetivo
de la reforma es que la carga fiscal que implica este sistema
de pensiones quebrado se reduzca en el futuro para que el
Estado pueda destinar estos recursos a las tareas de su competencia,
como por ejemplo salud y educación.

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