Hace
pocos días se aprobó el Presupuesto Público
para el 2005. El Congreso se encontró ante la disyuntiva
de aceptar ciegamente las propuestas del Ejecutivo o asumir
la responsabilidad de tomar decisiones claves sobre el manejo
y posible reasignación de los recursos públicos,
decisiones que el país exige y espera.
El Perú enfrenta una situación crítica:
En tres años y medio de administración, el Gobierno
de Toledo ha fracasado rotundamente, frustrando las esperanzas
que la población puso en la restauración democrática.
Mucho de éste fracaso se debe al centralismo de la
política económica y al inadecuado manejo presupuestal,
arbitrario y poco transparente, con prioridades de gasto e
inversión mal establecidas, uso inadecuado de fondos
públicos y escasa rendición de cuentas.
Esta situación no puede continuar.
Se necesita un manejo presupuestal racional, equitativo y
transparente, para que los ingresos y gastos del Estado se
administren y asignen de acuerdo a las autenticas necesidades
del país.
Un tema clave es la indolencia del Gobierno para incrementar
ingresos, emprendiendo una autentica reforma tributaria. Las
proyecciones del MEF prevén que la presión tributaria
se mantendrá en apenas 13.4 % del PBI hasta el 2007,
lo cual esta muy por debajo del 18 - 20% que se considera
lo mínimo para que un Estado opere adecuadamente. El
Gobierno no esta interesado ni en la lucha contra la informalidad
ni en eliminar privilegios y exoneraciones para los grandes
grupos económicos. Prefiere no crearse problemas y
mantener al Estado desfinanciado.
En lo referente a los gastos, el desorden
y la poca transparencia presupuestal son tolerados por un
Gobierno con fobia a rendir cuentas. Las diversas demandas
-legítimas o no- se confunden en un “vale todo”
por conseguir recursos. Sectores vitales como el agro, la
salud o la educación, languidecen por falta de fondos,
mientras rubros de gastos superfluos, como prefectos, subprefectos
y la burocracia dorada consumen gruesas porciones del presupuesto
público.
Hay que ordenar y sincerar el presupuesto.
Urge incrementar ingresos, encarando una reforma tributaria
real. Deben evaluarse impuestos específicos a los sectores
que registran utilidades extraordinarias como petroleras y
mineras auríferas, lo que proporcionaría alrededor
de S/. 500 millones adicionales al tesoro público.
Hay que levantar las exoneraciones tributarias a ganancias
de capital y bursátiles, para que efectivamente sean
los que más ganan los que más paguen. Asimismo,
el Gobierno no puede seguir posponiendo con pretextos la reglamentación
de las Regalías Mineras, que proporcionarán
no menos de S/. 160 millones a regiones y municipios.
Simultáneamente tiene que encararse
el tema de la deuda pública, cuyo servicio absorbe
más de la cuarta parte del presupuesto. Es necesario
que haya una Auditoria de la Deuda, que determine que deuda
es ilegitima, impulsando internacionalmente el establecimiento
de un Tribunal de Arbitraje para la Deuda, donde el Perú
pueda denunciar aquella deuda suscrita ilegalmente. Asimismo,
hay que fomentar esquemas de canje de deuda por inversión
social, permitiendo liberar recursos para dedicarlos a atender
a la población.
Otro tema fundamental es el desborde de las
demandas adicionales para el 2005, que rebasan los S/. 10,000
millones. Es necesario establecer una priorizacion racional
y transparente de estos requerimientos adicionales. En la
Ley de Presupuesto debe establecerse claramente que la inversión
social y los sectores productivos relegados –tales como
el agro, pequeñas y microempresas- tendrán prioridad
en la asignación de recursos. La Emergencia Educativa
y los programas de alfabetización, el Sistema Integral
de Salud y campañas de inmunización, la atención
a poblaciones excluidas y compra de medicamentos, el Programa
de Compensación a Víctimas de la Violencia Política,
entre otros, deberán tener máxima preferencia.
Esto tiene que acompañarse de una decidida
Reforma del Estado: urge racionalizar el sistema de gasto
público, unificando organismos y actividades redundantes,
estableciendo la evaluación integral de la gestión
de entidades y programas estatales, con el establecimiento
de mecanismos de monitoreo permanente del cumplimiento de
metas financieras y metas físicas. Debe evaluarse eliminar
los anacrónicos prefectos, lo que liberaría
S/. 100 millones. Hay que establecer un sistema de compras
corporativas, lo que permitiría ahorrar cerca de S/.
170 millones anuales sólo en útiles de oficina,
así como racionalizar sueldos de altos funcionarios
estatales, lo que ahorraría S/. 40 millones.
El Perú del 2004 no es sustancialmente,
ni más desarrollado, ni más prospero, ni más
equitativo. No podemos seguir así. El presupuesto para
el 2005 debería reflejar un cambio real.

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