Como
es tradicional los fines de año, el tema principal
de la prensa y los analistas especializados en temas económicos
ha sido la discusión sobre el Presupuesto General de
la República. En efecto, entre demandas y contrademandas
aconteció el reciente debate de esta importante ley
en el pleno del Congreso.
Este artículo aspira a ir más
allá de los simples denuestos o loas de los aspectos
cuantitativos del presupuesto. Más allá de las
cifras, esta nota intenta explicar como se utiliza el presupuesto
como instrumento de gestión de la política fiscal
y como expresión de un programa macroeconómico
más ambicioso. Tal programa es conocido como Marco
Macroeconómico Multianual (MMM), el cual es actualizado
cada año por el Ministerio de Economía y Finanzas
(MEF)
Para empezar debemos recordar que el Presupuesto
no es otra cosa que la expresión concreta del programa
de políticas expresado en el MMM. Este marco es, a
su vez, un producto derivado de la Ley de Responsabilidad
y Transparencia Fiscal cuyo principio general establece la
necesidad de “asegurar la sostenibilidad de las finanzas
públicas a través de la consecución de
equilibrio o superávit fiscal en el mediano plazo”.
¿Qué significa esto? Sostenibilidad
fiscal significa, en pocas palabras, que el manejo de las
finanzas públicas genere los ahorros suficientes para
honrar los pasivos del país. Pasivos que, a la fecha,
se arrastran en forma significativa. En efecto, en toda la
historia contemporánea de las finanzas públicas
del Perú, el país solo ha generado superávit
fiscal en el año 1997. Todos los demás años,
nuestro país no ha podido cubrir sus gastos, cayendo
en déficit fiscal. Este déficit se acumula en
el tiempo y genera un stock de deuda que hoy es sumamente
elevado.
Al tercer trimestre del presente año,
la deuda era un 44,1% del PBI, porcentaje que es el indicador
más utilizado de solvencia fiscal. Más aún,
los organismos multilaterales como el FMI consideran que 50
% indica proximidad a una situación severa de fragilidad
fiscal. En este contexto, la dirección fundamental
de la política fiscal debe ser reducir la vulnerabilidad
de la economía a través de la reducción
de los requerimientos de endeudamiento y esto – como
es bien sabido – solo se consigue a través de
la disminución del déficit fiscal.
Esta política se está llevando
a cabo con marcado éxito. El déficit fiscal
se ha reducido de forma importante, de 2.5% en el año
2001 a 1.4% en presente año y el proyecto de presupuesto
contiene como supuesto que el déficit se reducirá
a 1% del PBI. Esta trayectoria llevaría la razón
deuda – PBI hasta 40% para el año 2007 según
las proyecciones del MMM 2005-2007.
De estas premisas debe entenderse que el presupuesto
no es otra cosa que la solución de un problema económico
de optimización del bienestar sujeto no solo a las
restricciones de balance fiscal de corto plazo, sino principalmente
de la sostenibilidad fiscal de mediano plazo.
No es pues justificable que se demanden recursos
adicionales sin explicar claramente de donde se obtendrán
los correspondientes ingresos. En este escenario, debe quedar
claro que mayor gasto es equivalente a mayor endeudamiento,
que se añade a la ya abultada deuda pública,
y que no es más que trasladar la responsabilidad de
nuestra falta de capacidad para administrar las actuales restricciones
de ingresos, a las futuras generaciones de peruanos, que son
quienes pagarán los títulos de deuda que hoy
colocamos con el objeto de financiar nuestro déficit.

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