¿Es
Pro-Perú una buena alternativa para el país?
Considerando la elevada pobreza y el escaso gasto social del
estado es importante ayudar a los pobres. Sin embargo, suponiendo
que efectivamente tenemos los 100 ó mejor 300 millones
de dólares para mejorar el gasto social y ayudar a
reducir la pobreza, nos preguntamos: ¿es ésta
la mejor manera de gastarlos?
La ventaja de entregar subsidios en dinero
frente a entregar alimentos, es que no hay necesidad de comprarlos,
almacenarlos ni enfrentar las presiones de productores e industriales
interesados. La pregunta es cómo y a quién entregar
el subsidio.
Entregar dinero no es la mejor manera de promover
la asistencia escolar ni la asistencia de los niños
a los centros de salud. El desayuno escolar ya es un incentivo
para la asistencia escolar y sirve además para mejorar
la nutrición y el aprendizaje combatiendo la anemia,
cosa que no lograría el dinero en efectivo. Además,
solo un 5% de los niños peruanos dejan de ir al colegio
por trabajar, a diferencia de 15% en México. El problema
principal de la educación peruana es su baja calidad
y la desnutrición infantil, no la asistencia.
Equivalentemente, la entrega de papillas en
lugar de dinero es una mejor manera de aliviar la desnutrición
infantil. Los servicios deben llegar a todas las comunidades
y se debe proveer educación a las madres en temas de
alimentación, higiene y salud, cuidado y estimulación
temprana, para lo cual las redes sociales del vaso de leche
y los comedores populares pueden ser de gran ayuda.
Por su parte, la necesaria focalización
de Pro-Perú presenta complicaciones:
- Antes de clasificarlos como pobres habría
que darles identificación ciudadana al millón
de peruanos que no tienen DNI, porque viven en zonas alejadas
y por el precio establecido por la RENIEC (22 soles)
- El alto costo administrativo de realizar
un censo para separar, en cada barrio y cada manzana, quién
es pobre; y para implementar un sistema que revise y verifique
la información permanentemente.
- El riesgo que el funcionario público
exija favores políticos para entregar el subsidio
(clientelismo). Es difícil construir una institucionalidad
que limite la corrupción, sin costos administrativos
excesivos. Eso solo puede hacerse paulatinamente, y no para
120 mil familias en 3 meses como según algunas versiones
pretende el gobierno.
- El debilitamiento de los lazos sociales
de ayuda en una comunidad, debido a los beneficios diferenciados
a sus miembros, lo cual genera envidias y malos entendidos.
Sobretodo cuando la diferencia entre alguien clasificado
como “pobre” y otra “no pobre” es
pequeña; porque las familias cambian de situación
económica constantemente.
No hay ningún sistema de focalización
perfecto, incluido el sistema de identificación individual,
por ello hay que usar una combinación de otros mecanismos
como los mapas de pobreza y la auto selección. Como
en las zonas rurales la pobreza es muy extendida y los lazos
comunitarios son fuertes, una focalización individual
sería muy costosa, lograría pocos ahorros al
fisco y además debilitaría las comunidades.
En las ciudades la identificación de familias pobres,
con la participación de las organizaciones comunitarias,
tiene más sentido.
Finalmente, la cuestión más
polémica acerca de Pro-Perú es el probable uso
clientelista que le podría dar el gobierno, sobre todo
en un año pre-electoral. Este es sin duda un problema
importante, porque debilita la democracia, afecta la eficiencia
y golpea la autoestima y la confianza que tienen los pobres
de superar su situación. Despejar estas dudas, sin
embargo, no es difícil: bastaría con que se
aprueben estrictas normas de neutralidad política,
que se establezca una política de transparencia que
permita la vigilancia ciudadana y que se encargue la dirección
del programa a un directorio plural e independiente para frenar
las presiones que los partidos de gobierno podrían
ejercer para reeditar un esquema clientelista.
En síntesis, es una necesidad urgente
dar más ayuda a los pobres. Un esquema de subsidios
condicionados a familias identificadas individualmente tiene
algunos problemas: es necesario dar prioridad a aumentar cobertura
y mejorar la calidad de los servicios de educación
y salud, y si se entregan subsidios hay que ser cuidadoso
con los mecanismos de focalización. Lo más importante
es evitar el clientelismo; encargar el programa a un organismo
independiente podría resolver este problema y orientar
el programa en forma eficiente.

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