“Cada
escuela tendría que ver con total independencia, sin
necesidad de ninguna coordinación con el sistema educativo
nacional, sus contenidos curriculares”. Tal fue la propuesta
de un grupo de directores de colegios públicos de Arequipa,
Camaná e Islay, con respecto a la descentralización
educativa. Esta postura por un lado plantea una gran insatisfacción
con respecto al centralismo de nuestro sistema, pero a la
vez, una visión marcadamente localista que de alguna
manera podría atentar contra la unidad del sistema
e incluso contra la calidad educativa.
Este es uno de los resultados de un estudio
realizado luego de realizar 202 encuestas a directores y subdirectores,
y aplicar cinco focus group. Esta investigación se
propuso como objetivos explorar las actitudes, expectativas
y las percepciones de los encuestados sobre la descentralización
de la educación. De todos modos habría que tener
en cuenta que el estudio presenta la perspectiva de solo uno
de los actores involucrados – los directores –
y de un ámbito reducido por lo que sería necesario
ampliar el estudio a otros ámbitos geográfico-políticos
del país.
También, este estudio muestra una predisposición
favorable hacia la descentralización y, paradójicamente,
un amplio desconocimiento de lo que implicaría este
proceso. Tanto así, que se asocia más la descentralización
con la libertad funcionaria (trámites, normas, documentos,
entre otros) con respecto al poder central y no tanto a poder
brindar una educación de calidad y ajustada a la cultura
de la localidad. Tal contradicción se evidencia en
el hecho que los directores señalaron que la descentralización
les daría más autonomía pedagógica
pero que los desafíos que la descentralización
les plantearía serían sobre todo administrativos.
Asimismo, se encontraron altas expectativas
con respecto a las autonomías administrativas y pedagógicas
y a la mayor participación de la sociedad civil en
las escuelas. En contraste los directores son pesimistas en
cuanto a la injerencia del poder político en el manejo
del sistema, la burocracia y los estilos poco profesionales
que han venido caracterizando la conducción del sistema.
Pesimismo que estaría influyendo en el desgano y el
escaso interés de los directores ante las actuales
reformas.
Con respecto a la delimitación de las
atribuciones se manifestó, con insistencia, que la
escuela tendría que demandar a la sociedad civil organizada
el tipo de ayuda y colaboración que necesita y no al
revés. Por otro lado, los directores consideran que
las facultades de educación, los colegios profesionales,
la Iglesia Católica y las APAFA son los órganos
que deberían tener injerencia en los procesos de descentralización
pedagógica, no así tanto los municipios, las
juntas vecinales, el sector empresarial y las Fuerzas Armadas.
El presente estudio apunta hacia diversas
recomendaciones, siendo una de las más importantes
ofrecer a las comunidades educativas, así como a las
entidades de formación docente y ONG, marcos normativos
para la diversificación curricular. Es preciso además
que se ofrezcan estrategias para no caer en el localismo o
en la nivelación hacia abajo (expectativas menos ambiciosas
para los niños pobres). Esto tendría que enmarcarse
en una política nacional de estándares de rendimiento
que explicite con claridad las metas comunes e inaplazables
que tendrían que alcanzar los alumnos peruanos, independientemente
de su localidad.
Puede acceder al documento completo en:
http://www.consorcio.org/CIES/html/pdfs/pbc0305.pdf

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