|
A
la luz de los éxitos obtenidos por programas de subsidios
directos condicionados dirigidos a familias en extrema pobreza
en varios países de la región, cabe destacar
la intención del gobierno de implementar uno en el
Perú. Por ejemplo, en México las tasas de matrícula
en educación secundaria se incrementaron en 8% y 5%
para las niñas y niños beneficiarios del programa
respectivamente y los controles de crecimiento de los niños
de 0 a 5 años aumentaron entre 30 y 60%. Sin embargo
varios aspectos del programa merecen un análisis sumamente
detallado para evitar las improvisaciones que lleven a un
deficiente diseño, más aun cuando se habla de
cifras mucho mayores que cualquier otro programa social (La
transferencia mensual de Pro Perú (US$ 30/mes) sería
equivalente a casi seis veces lo que entrega el programa Vaso
de Leche al mes a una familia con tres beneficiarios)
Primero, los programas de transferencias directas
condicionadas no han sido diseñados con fines asistenciales
o de reactivación de la demanda sino con el objetivo
de obtener logros en términos de capital humano (lo
que contribuye definitivamente a la superación de la
pobreza en el mediano o largo plazo). La transferencia monetaria
no es el fin sino un medio para incrementar la demanda de
familias muy pobres por servicios de educación y salud
de calidad, los cuales, se asume, el gobierno debe de estar
en capacidad de ofrecer.
Segundo, un piloto además de ajustar
el tamaño del programa debe definir claramente los
objetivos y mecanismos de intervención del programa.
Implica además realizar una medición de la situación
inicial, establecer un grupo de control y definir los instrumentos
de evaluación de los resultados para poder recoger
lecciones antes de extender el programa.
Tercero, el éxito de un programa de
este tipo depende fuertemente de la existencia de un adecuado
sistema de identificación de los pobres extremos, particularmente
si se quiere incluir zonas urbanas. Ello aún no existe
en el país (de hecho el uso de los padrones de los
comedores no se acerca siquiera a una adecuada solución)
y su implementación tomará tiempo y esfuerzo.
A su vez, debe establecerse desde el inicio mecanismos definitivos
de salida del programa, para evitar que el beneficio se convierta
en un derecho adquirido por algunos grupos específicos,
como lamentablemente ha sucedido con otros programas sociales.
Cuarto, respecto a la condiciones en el área
educativa, cabría recordar que existe muy poco espacio
para ver mejoras en cobertura en el nivel primario, debido
a que las tasas de matrícula son bastante altas. El
problema es más bien de calidad del servicio. En la
educación inicial, aunque hay mucho espacio para mejoras,
existe un importante problema de oferta de servicios, especialmente
en las zonas rurales. En algunos países de la región,
los programas de este tipo consideran un subsidio orientado
a las escuelas e incluso se han visto acompañados de
construcción de colegios. En educación secundaria,
por otro lado, hay espacios para mejoras particularmente en
el logro educacional de las mujeres de zonas rurales que podrían
además contribuir a mejorar el nivel de vida de próximas
generaciones, dada la importancia de la educación de
las madres en el desarrollo de los niños.
Quinto, lograr resultados nutricionales positivos
en niños menores de tres años (grupo en el que
es primordial la intervención) es muy difícil.
Requiere, entre otros aspectos, del acceso de servicios de
salud y de agua y saneamiento de calidad y de capacitación
a las madres. Además, requiere de la ingesta de alimentos
con un contenido elevado de micronutrientes, particularmente
hierro. Tal vez sea por ello que el programa Oportunidades
de México incluye el reparto de papillas (mezclas especialmente
preparadas) para este grupo de niños.
Sexto, los éxitos del programa dependerán
también fuertemente de los mecanismos de control y
supervisión. Al respecto, cabe preguntarse por ejemplo,
qué mecanismos se usarán para controlar la asistencia
de los niños a las escuelas cuando actualmente se tienen
muchas dificultades para controlar incluso la asistencia de
los docentes.
Por último, aunque no menos importante,
se debería evitar caer una vez más en el error
de iniciar un nuevo programa dejando de lado la reforma o
sustitución de los programas sociales ya existentes
y que atienden, en muchos casos, a los mismos grupos objetivo.
Cabe preguntarse además como se enmarca Pro Perú
en el proceso de descentralización de los programas
sociales actualmente en curso, en el que se ha avanzado poco
y donde existen una serie de importantes problemas pendientes
de solución.

|