| El
intento de exonerar del sistema de detracciones a los productos
agrarios desencadenó recientemente un fuerte enfrentamiento
entre el Congreso y el MEF, incluso con una amenaza de renuncia
del ministro Kuczinsky. El Legislativo había aprobado
en marzo una norma eliminando el sistema de detracciones para
el maíz duro, algodón, caña de azúcar,
ganado vivo y carnes luego de una costosa huelga ganadera
a inicios de este año. Según un cálculo
propio esta exoneración generaría este año
una caída de 65 millones de soles en la recaudación
de los productos antes mencionados, mientras que según
el MEF la medida significaría una pérdida fiscal
de 180 millones. Cifras más cifras menos, el tema de
fondo sigue siendo si es justo y eficiente aplicar el régimen
del IGV y del sistema de detracciones a productos agrarios
primarios en un contexto como el de la agricultura peruana.
Las detracciones son un sistema de pago de
las obligaciones tributarias creado en el año 2001,
y que ha venido ampliándose a diversos productos y
servicios en los últimos años. Desde el 2002
se aplica a algunos productos agrarios, incluso a algunos
primarios como el maíz amarillo y la caña de
azúcar. Parte del reciente conflicto ganadero se debe
a que SUNAT amplió el sistema al ganado vivo y a las
carnes. La detracción obliga a los compradores de los
productos afectos a depositar en una cuenta a nombre del vendedor
un porcentaje del valor de la transacción. La cuenta
sólo puede ser usada para pagar obligaciones tributarias
del vendedor. No es un aumento de la carga tributaria de los
contribuyentes pero si una forma mucho más agresiva
de recaudar y supervisar el pago de los tributos, especialmente
el IGV.
Las dificultades para la aplicación
y ampliación de las detracciones a productos primarios
agrarios viene desde los inicios en el año 2002 y muestra
un problema básico del propio régimen de IGV:
intenta ser ampliado a los productores agropecuarios sin considerar
sus particularidades. Con un IGV de 19%, no es viable para
cientos de miles de agricultores y ganaderos formalizarse,
ya que los intermediarios les reducen el IGV del precio de
venta mientras que ellos sólo pueden descargar una
muy pequeña fracción de sus costos debido al
escaso uso de insumos intermedios comprados en el mercado.
El saldo del IGV para los pequeños productores agrarios
es muy oneroso y afecta más a quienes menos tienen.
Así, para el 95% de los agricultores peruanos el régimen
del IGV no es una opción viable y el Estado no ha diseñado
un sistema alternativo que haga posible su formalización.
Además, las detracciones son efectivas
cuando ambos, compradores y vendedores en una cadena, están
formalizados y existe evidencia de un alto nivel de evasión,
especialmente en los vendedores. En este caso, hacer que el
comprador haga un depósito a nombre del vendedor para
el pago de impuestos funciona como un instrumento fuertemente
disuasivo para reducir la evasión por parte de los
vendedores. La mayor parte de los agricultores son pequeños
e informales y las detracciones sólo extraen recursos
de sus precarias economías que deben lidiar ya con
precios reducidos y bastante inestables.
Obviamente, las detracciones también
afectan a los intermediarios, que antes tenían carta
libre para ocultar información a la SUNAT y evadir
el pago de impuestos por sus propias actividades de intermediación.
Ellos ahora deben enfrentar las detracciones para la siguiente
etapa de la cadena, aumentando la presión sobre sus
posibilidades de evasión. El problema es que los intermediarios
tienen suficiente poder de mercado para trasladar la mayor
parte de esta presión hacia sus pequeños e informales
proveedores, los que a la postre protestan en contra el Estado
y esta conflictiva política tributaria.
Así, pensamos que hay una dosis de
desconocimiento o indiferencia del Estado frente a la compleja
realidad económica y social del agro peruano al que
se quiere aplicar un IGV muy alto e instrumentos de cobro
tributario inapropiados como las detracciones, generando un
creciente y peligroso rechazo al Estado con movilizaciones
cada vez más costosas para el país. Una salida
rápida a esta política equivocada en el corto
plazo es exonerar del sistema de detracciones a todos los
productos en estado primario y usarlo solamente para las demás
etapas de comercialización y transformación.
La salida de largo plazo es crear un régimen tributario
especial para los productos primarios agrarios, que haga viable
la formalización de los cientos de miles de pequeños
agricultores y ganaderos. Mientras tanto, no es aconsejable
seguir insistiendo en aplicar este controvertido e injusto
sistema de detracciones a los productos primarios del agro.

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