| Para
garantizar el pago del IGV en un sector con 99% de informalidad
como el sector agropecuario, se decidió aplicar el
sistema de detracciones del IGV sobre algunos de sus productos.
Este sistema consiste en que el comprador de productos agropecuarios
deposita una parte del total de la compra en una cuenta corriente
a nombre del vendedor. Dicha cuenta en el Banco de la Nación
debe ser utilizada por el vendedor para pagar sus obligaciones
tributarias[1]. Sin embargo, la aplicación
sobre los productos de la actividad pecuaria y sus derivados
es la que ha enfrentado gran oposición, obligando al
Ejecutivo a suspender su aplicación hasta el 30 de
septiembre de este año debido a las protestas y huelgas
promovidas por los productores ganaderos.
El sistema de detracciones se aplica de forma
gradual desde el año 2002 y en la actualidad recae
sobre productos de la actividad agrícola primarios
(caña de azúcar, algodón) y procesados
(alcohol etílico), madera, recursos hidrobiológicos
y sus derivados (aceite de pescado), actividad pecuaria y
sus derivados (animales vivos, carne, cuero) así como
también recae sobre operaciones de prestación
de servicios de intermediación laboral y diversos servicios
empresariales. La suspensión de la aplicación
del sistema ha motivado que el Congreso de la República
envíe al Poder Ejecutivo un dictamen que dispone la
eliminación de las detracciones a todos los productos
agropecuarios primarios y derivados. Sin embargo, el Ejecutivo
ha rechazado el referido dictamen y se encuentra preparando
una contrapropuesta. La pregunta ante tal escenario es: ¿Deben
eliminarse las detracciones siendo que el sistema ya se encuentra
vigente? La respuesta no es tan sencilla.
El objetivo del sistema es garantizar el pago
del IGV en sectores con alto grado de informalidad. En ese
sentido, su vigencia sólo se justifica si sus beneficios
(no sólo una mayor recaudación del IGV sino
que aumente la formalidad del sector) superan a sus costos,
lo cual hasta la fecha no queda claro. Lo que sí queda
claro son los posibles efectos de la eliminación de
las detracciones en la coyuntura actual:
- Menor financiamiento para las crecientes
necesidades de gasto comprometido, como el aumento de 14
soles por quintal de algodón blanco en rama, entre
otras promesas de subsidios y nivelaciones de sueldo. En
ese sentido, las detracciones agropecuarias representan
un monto importante; en 2004 fueron el 12,9% de la recaudación
del IGV.
- Su eliminación daría una
indicación equivocada de apoyo a la informalidad.
Los productores de azúcar aseguran que, desde la
implantación de las detracciones en el 2002, el sector
se ha formalizado y esto les permitirá invertir US$
400 millones en los próximos 5 años para aumentar
la competitividad de la industria. El sistema es respaldado
por contribuyentes formales que se ven amenazados por la
competencia desleal de la elevada informalidad[2].
- La eliminación del sistema para
un solo sector, producto de presiones, puede generar una
señal de debilidad de las autoridades tributarias
así como minimizar el sustento técnico aplicado
en el diseño del sistema.
La pregunta que no debe olvidarse es: ¿Es
el sistema de detracciones la mejor forma de reducir la informalidad
de los sectores señalados? Para responderlo se debe
identificar por qué el incumplimiento tributario es
tan elevado en el sector. Por ejemplo, si la causa es la complejidad
del sistema tributario para los contribuyentes, entonces la
solución puede ser; desde proporcionar una mayor orientación,
mejorar la fiscalización y control de las obligaciones
tributarias, hasta replantear el sistema tributario y su administración;
o alguna combinación de todas éstas. Una vez
identificada la causa del problema deben definirse medidas
orientadas a resolverla.
En suma, las detracciones del IGV al sector
agropecuario buscan reducir el nivel de incumplimiento tributario
del sector. En ese sentido se debe mantener el sistema de
detracciones hasta definir medidas que verdaderamente ataquen
la raíz del problema de incumplimiento tributario,
que todavía está por determinar, y que compensen
la pérdida de ingresos tributarios con medidas alternativas
de fiscalización y control.
[1] Los montos depositados
en las cuentas que no se agoten cumplido el plazo señalado
por la norma luego que hubieran sido destinados al pago de
tributos, serán considerados de libre disponibilidad
para el titular.
[2] El apoyo de los azucareros al Ejecutivo
también se debe a que el incremento del subsidio por
quintal está condicionado a la recaudación tributaria.
Los productores de maíz también se han opuesto
a la eliminación de las detracciones.

|