Lima 22/ 08/ 05
Sombras en la gestión de salud reproductiva 2000 - 2004
En el año 2004, las mujeres sin escolaridad tienen tres
veces más hijos de lo que desean[1]
Investigador Carlos Aramburú
CIES

En el año 2000, las mujeres analfabetas tenían menos del doble de hijos de los que hubieran deseado; en el año 2004, tenían el triple. En menor grado, esta brecha ha aumentado en mujeres en los demás niveles educativos excepto en aquellas con educación primaria en las que se mantuvo igual. Ante este hecho, cabe preguntarse cuál ha sido el impacto de las políticas del Programa Nacional de Planificación Familiar (PNPF) 2000 - 2004 sobre la calidad y equidad de los servicios públicos de planificación familiar.

Para responder a esta pregunta se compara los resultados de las Encuestas Demográficas y de Salud Familiar (ENDES) realizadas en los años 2000 y 2004. Estos son dos años interesantes de comparar, ya que el primero marca el final del gobierno de Fujimori y de un PNFP caracterizado por su prioridad y verticalidad; y el segundo, el final de las gestiones de los dos primeros ministros de Salud del gobierno de Toledo, conocidos por sus tendencias conservadoras.

Dos indicadores de fecundidad pueden empezar a darnos una idea del impacto de las políticas en ese periodo. El primero es la tasa global de fecundidad, o simplemente fecundidad, que se mide por el número de hijos que tendría una mujer al final de su vida reproductiva (49 años) de mantenerse el ritmo de nacimientos observado hasta ese momento. La fecundidad promedio para el país descendió de 2,9 a 2,4, aunque a un ritmo menor al observado en el periodo 1996-2000. El segundo indicador es la fecundidad ideal o la fecundidad deseada por la mujer. Este indicador de las intenciones reproductivas descendió de 1,8 a 1,5 del año 2000 a 2004. Si dividimos la fecundidad real entre la fecundidad ideal para cada año tendremos la brecha entre intenciones y conducta reproductiva. Así, del año 2000 al 2004, la brecha promedio para el país se ha mantenido casi constante en 1,6. Sin embargo, en mujeres analfabetas ha pasado de 1,7 a 3,07; lo cual significa un aumento notable en la fecundidad real respecto a la ideal: en el año 2004 las mujeres con menores niveles educativos tienen tres veces más hijos de los que hubieran deseado tener. Esto permite afirmar que la política de PNPF de Solari y Carbone ha ido en sentido contrario de los cambios en las intenciones reproductivas de los sectores populares del país.

Un segundo tipo de indicador a tomar en cuenta para estimar el impacto de la gestión 2000-2004, son los cambios en el uso de métodos anticonceptivos (MAC). El porcentaje de mujeres con algún tipo de unión (casadas, convivientes, etc.) que usa algún método anticonceptivo se mantuvo casi constante alrededor del 70%. Sin embargo, el uso de métodos modernos ha caído en casi 4%, en tanto que el uso de métodos tradicionales ha aumentado en 4,5%. Esta tendencia es contraria a la mayoría de países en desarrollo, incluído el Perú hasta el año 2000, en donde el uso de métodos tradicionales disminuye y el de métodos modernos aumenta. Por otro lado, los MAC modernos cuyo uso ha caído más, son aquellos provistos principalmente por el sector público (inyectables, DIU, y esterilización femenina) posiblemente por el desabastecimiento de los MAC en la oferta sanitaria pública y por la menor prioridad política y recursos asignados al PNFP durante la los primeros años de este Gobierno.

Esta tendencia inversa en el uso de métodos modernos y tradicionales se acentúa más en las mujeres de menores niveles educativos, las que dependen en mayor medida de los servicios públicos de planificación familiar. Así, el uso de MAC modernos en mujeres analfabetas cayó de 33% a 24%, mientras que el uso de métodos tradicionales aumentó de 15% a 25%.

Una tercera medida para evaluar el impacto de las políticas de salud 2001 – 2004 es el cambio en la necesidad insatisfecha de los servicios de planificación familiar (NIPF). Se define como demanda insatisfecha a la suma de dos grupos de mujeres en edad fértil, que tienen algún tipo de unión (matrimonio, convivencia, etc.) El primer grupo está conformado por mujeres que se encontraban embarazadas en el momento de la encuesta sin que se lo hubieran propuesto. El segundo, por mujeres que no estaban embarazadas y que no deseaban tener hijos o no deseaban tenerlos antes de dos años pero que no usaban ningún método anticonceptivo en el momento de la encuesta. Para el total de mujeres la necesidad insatisfecha se redujo ligeramente en 1%, que representa la mitad de la reducción entre 1996 y 2000. Esta ligera reducción no es un signo tan alentador si tenemos en cuenta que se debe en gran parte al aumento del uso de métodos tradicionales, que, como se sabe, tienen las más altas tasas de falla.

En resumen, los cambios en la política nacional de planificación familiar ocurridos en los primeros años de este Gobierno, no han mejorado la calidad ni disminuído la iniquidad en el ejercicio de los derechos reproductivos. Más grave aún, los costos de estos cambios los han sufrido, sobre todo, las mujeres rurales y de menores niveles educativos, es decir, las más vulnerables.

 

[1] El presente artículo está basado en el estudio “Fecundidad y planificación familiar: comparando las ENDES 2000 y 2004”. Puede encontrar mayor información sobre el estudio en:
http://www.consorcio.org/CIES/html/pdfs/Bol56/03-ARAMBURU.pdf