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el año 2000, las mujeres analfabetas tenían
menos del doble de hijos de los que hubieran deseado; en el
año 2004, tenían el triple. En menor grado,
esta brecha ha aumentado en mujeres en los demás niveles
educativos excepto en aquellas con educación primaria
en las que se mantuvo igual. Ante este hecho, cabe preguntarse
cuál ha sido el impacto de las políticas del
Programa Nacional de Planificación Familiar (PNPF)
2000 - 2004 sobre la calidad y equidad de los servicios públicos
de planificación familiar.
Para responder a esta pregunta se compara
los resultados de las Encuestas Demográficas y de Salud
Familiar (ENDES) realizadas en los años 2000 y 2004.
Estos son dos años interesantes de comparar, ya que
el primero marca el final del gobierno de Fujimori y de un
PNFP caracterizado por su prioridad y verticalidad; y el segundo,
el final de las gestiones de los dos primeros ministros de
Salud del gobierno de Toledo, conocidos por sus tendencias
conservadoras.
Dos indicadores de fecundidad pueden empezar
a darnos una idea del impacto de las políticas en ese
periodo. El primero es la tasa global de fecundidad, o simplemente
fecundidad, que se mide por el número de hijos que
tendría una mujer al final de su vida reproductiva
(49 años) de mantenerse el ritmo de nacimientos observado
hasta ese momento. La fecundidad promedio para el país
descendió de 2,9 a 2,4, aunque a un ritmo menor al
observado en el periodo 1996-2000. El segundo indicador es
la fecundidad ideal o la fecundidad deseada por la mujer.
Este indicador de las intenciones reproductivas descendió
de 1,8 a 1,5 del año 2000 a 2004. Si dividimos la fecundidad
real entre la fecundidad ideal para cada año tendremos
la brecha entre intenciones y conducta reproductiva. Así,
del año 2000 al 2004, la brecha promedio para el país
se ha mantenido casi constante en 1,6. Sin embargo, en mujeres
analfabetas ha pasado de 1,7 a 3,07; lo cual significa un
aumento notable en la fecundidad real respecto a la ideal:
en el año 2004 las mujeres con menores niveles educativos
tienen tres veces más hijos de los que hubieran deseado
tener. Esto permite afirmar que la política de PNPF
de Solari y Carbone ha ido en sentido contrario de los cambios
en las intenciones reproductivas de los sectores populares
del país.
Un segundo tipo de indicador a tomar en cuenta
para estimar el impacto de la gestión 2000-2004, son
los cambios en el uso de métodos anticonceptivos (MAC).
El porcentaje de mujeres con algún tipo de unión
(casadas, convivientes, etc.) que usa algún método
anticonceptivo se mantuvo casi constante alrededor del 70%.
Sin embargo, el uso de métodos modernos ha caído
en casi 4%, en tanto que el uso de métodos tradicionales
ha aumentado en 4,5%. Esta tendencia es contraria a la mayoría
de países en desarrollo, incluído el Perú
hasta el año 2000, en donde el uso de métodos
tradicionales disminuye y el de métodos modernos aumenta.
Por otro lado, los MAC modernos cuyo uso ha caído más,
son aquellos provistos principalmente por el sector público
(inyectables, DIU, y esterilización femenina) posiblemente
por el desabastecimiento de los MAC en la oferta sanitaria
pública y por la menor prioridad política y
recursos asignados al PNFP durante la los primeros años
de este Gobierno.
Esta tendencia inversa en el uso de métodos
modernos y tradicionales se acentúa más en las
mujeres de menores niveles educativos, las que dependen en
mayor medida de los servicios públicos de planificación
familiar. Así, el uso de MAC modernos en mujeres analfabetas
cayó de 33% a 24%, mientras que el uso de métodos
tradicionales aumentó de 15% a 25%.
Una tercera medida para evaluar el impacto
de las políticas de salud 2001 – 2004 es el cambio
en la necesidad insatisfecha de los servicios de planificación
familiar (NIPF). Se define como demanda insatisfecha a la
suma de dos grupos de mujeres en edad fértil, que tienen
algún tipo de unión (matrimonio, convivencia,
etc.) El primer grupo está conformado por mujeres que
se encontraban embarazadas en el momento de la encuesta sin
que se lo hubieran propuesto. El segundo, por mujeres que
no estaban embarazadas y que no deseaban tener hijos o no
deseaban tenerlos antes de dos años pero que no usaban
ningún método anticonceptivo en el momento de
la encuesta. Para el total de mujeres la necesidad insatisfecha
se redujo ligeramente en 1%, que representa la mitad de la
reducción entre 1996 y 2000. Esta ligera reducción
no es un signo tan alentador si tenemos en cuenta que se debe
en gran parte al aumento del uso de métodos tradicionales,
que, como se sabe, tienen las más altas tasas de falla.
En resumen, los cambios en la política
nacional de planificación familiar ocurridos en los
primeros años de este Gobierno, no han mejorado la
calidad ni disminuído la iniquidad en el ejercicio
de los derechos reproductivos. Más grave aún,
los costos de estos cambios los han sufrido, sobre todo, las
mujeres rurales y de menores niveles educativos, es decir,
las más vulnerables.
[1] El presente artículo
está basado en el estudio “Fecundidad y planificación
familiar: comparando las ENDES 2000 y 2004”. Puede encontrar
mayor información sobre el estudio en:
http://www.consorcio.org/CIES/html/pdfs/Bol56/03-ARAMBURU.pdf

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