| En
el Perú, los niveles de pobreza bajaron al promediar
la década pasada, pero luego volvieron a niveles superiores
al 50%. La extrema pobreza, por otro lado, se mantiene cercana
al 20%. ¿Por qué ocurre esto, si las políticas
macroeconómicas son correctas?
Al igual que en Perú, la pobreza persiste
en casi toda la región. Chile es la excepción,
donde en los últimos quince años se ha reducido
la pobreza de 40% a 20%, y la pobreza extrema de 13% a 7%.
Precisamente el tema de la pobreza fue el tema central de
la última edición del Seminario en Latinoamérica
(SELA) de la Yale Law School, por lo que las opiniones vertidas
en ella pueden ayudar a comprender la situación peruana.
Según el destacado economista Harold
Beyer, del Centro de Estudios Públicos, la explicación
principal de este excepcional logro chileno radica en haber
tenido un crecimiento económico de más de 7%
anual promedio. Este panorama es, pues, muy distinto al del
Perú. Con el actual gobierno, la tasa de crecimiento
anual promedio es de 3.6%: alta en comparación a nuestra
historia económica, pero la mitad de la chilena.
El crecimiento chileno no es cosa de los últimos
cuatro años sino que se remonta a los últimos
quince. Por tanto, debe indicarse que sólo se logra
reducir los niveles de pobreza si se tiene crecimiento alto
y sostenido. ¿Cómo así ha logrado Chile
este crecimiento? Beyer subrayó la importancia de políticas
macroeconómicas adecuadas: estabilidad monetaria, apertura
comercial y promoción de la inversión privada
en todos los ámbitos de la economía.
Sin embargo, me atrevería a señalar
que la explicación del crecimiento chileno no se agota
en la macroeconomía. Una parte importante de tal explicación
radica en la reforma de su sistema político. En el
propio SELA, el destacado profesor de la Yale Law School,
George L. Priest, presentó una extraordinaria ponencia
que brindó un marco conceptual más amplio para
la reducción de la pobreza en el mundo. Según
Priest, la clave para reducir los niveles de pobreza radica,
principalmente, en la reforma institucional de los gobiernos
de los países pobres. Estos gobiernos –poco representativos
y poco responsables– mantienen hundidas a sus poblaciones.
En el caso chileno, no es sólo que
el gobierno haya enfocado mejor su rol en la economía;
además, ha resultado crucial la reforma de reglas de
juego político que han enrumbado a Chile hacia el bipartidismo.
A diferencia de ello, el Perú está lejos de
contar con un sistema de partidos, en el cual se dé
un contrapunto constructivo entre gobierno y oposición.
Tenemos un Congreso fragmentado en más de diez bancadas
partidarias.
La falta de orden político configura
un panorama incierto en el que cualquier cosa puede pasar.
De hecho, estando apenas a siete meses de las próximas
elecciones, no se tienen claras las opciones de gobierno.
Más grave aún, en el Perú no hay sólo
una falta de orden político sino de orden público.
El “arequipazo” de 2002 no sólo paralizó
las privatizaciones sino que inauguró un estilo nefasto
de protesta social.
Como consecuencia de ello, en la última
encuesta nacional de Apoyo, Ollanta Humala se ubica en el
quinto lugar de las preferencias ciudadanas, luego de Lourdes
Flores, Luis Castañeda, Alan García y Valentín
Paniagua. A muchos ciudadanos, pues, la añoranza por
el orden público les hace simpatizar con opciones como
las que representa Humala. El autoritarismo de Humala les
parece un detalle secundario.
Para lograr el objetivo universalmente compartido
de reducir los niveles de pobreza, por tanto, deberíamos
persistir en políticas macroeconómicas bien
enfocadas, pero añadir a ello la reforma institucional
de nuestro sistema político. El Perú requiere
un sistema político más representativo y estructurado.
[*] Director Ejecutivo, Sociedad
de Economía y Derecho UPC.

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