| El
ciclo de crecimiento económico continuado por cerca
de cuatro años consecutivos está comenzando
a traducirse en ciertas mejoras en el bienestar de la población,
especialmente la más pobre del país. Sin embargo,
se trata todavía de un proceso heterogéneo con
resultados desiguales y que necesita consolidarse conforme
se continúe por una senda de crecimiento económico
alto y sostenido y se apliquen políticas sociales eficaces.
Los signos más alentadores del proceso
de “chorreo” entre 2001 y 2004 se agrupan en dos
tipos. El primer tipo lo conforman los llamados indicadores
de bienestar, como la reducción de 24% a 20% de la
pobreza extrema a nivel nacional y el incremento en los ingresos
per cápita del 40% de las familias de menos recursos
en 11% en términos reales. No obstante, la incidencia
de la pobreza crítica a nivel nacional ha disminuido
solamente 1.3%, de 54.8% en el cuatro trimestre del 2001 a
54.1%, en el mismo período del 2004, y dicha variación
no resulta estadísticamente significativa. En cuanto
al empleo nacional, se estima que en los últimos tres
años ha aumentado en un millón setecientos mil.
Sin embargo, sólo quinientos ochenta mil son empleos
adecuadamente remunerados, mientras que el resto de ellos
tienen problemas de subempleo por horas o por ingresos.
En la política de asistencia social,
las encuestas nacionales de hogares también registran
cierto proceso de “chorreo”. Así, el porcentaje
de hogares en pobreza extrema que recibe programas de asistencia
alimentaria se ha incrementado de 68% en el 2001 a 75% en
el 2004. Asimismo, la proporción de hogares, en pobreza
no extrema, beneficiados con estos programas aumentó
de 49% a 58% en el mismo lapso de tiempo. No obstante, el
grado de filtración de los programas también
ha aumentado ya que el porcentaje de hogares no pobres beneficiados
se incrementó de 21% a 26%.
El segundo tipo de indicadores son de producción,
ventas, fiscales y de infraestructura. Durante el período
2001-2004 aumentaron considerablemente las transferencias
intergubernamentales hacia las municipalidades y los gobiernos
regionales. Así el FONCOMUN ha mostrado un crecimiento
de 31% en términos reales. Las transferencias totales
de canon y sobrecanon han crecido en 169%; siendo el canon
minero el que ha crecido de manera más dramática
con una tasa de 455%. Esto muestra que el crecimiento de los
ingresos de los gobiernos locales ha sido superior al crecimiento
de la actividad económica. Por lo tanto los gobiernos
locales han sido beneficiados por el mejor desempeño
económico de los últimos años. Asimismo,
se ha redistribuído el gasto del Estado a los departamentos;
en la sierra sur ha decrecido en 11% y en Lima 5% mientras
que en la sierra centro ha crecido por encima del 9%. Durante
el período 2001-2003 creció la economía
de 23 de los 24 departamentos del país, 16 de ellos
por sobre el promedio nacional, mientras que Lima creció
a un ritmo inferior al promedio nacional, lo cual reduciría
su brecha con las provincias.
También aumentaron considerablemente
la producción de los principales productos de consumo
masivo, el dinamismo del sector industrial, y el volumen de
importaciones de bienes de capital, que en el período
2001-2004 aumentó en 100% destacando el rubro de bienes
de capital y materiales de construcción.
En cuanto al crédito, éste en
general se ha mantenido estable en el período 2001-2004,
pero las colocaciones de las Edypimes han aumentado notablemente
(20%) así como las colocaciones de las cajas municipales.
Asimismo las colocaciones del fondo Mi Vivienda han mostrado
un crecimiento exponencial y los montos de colocaciones de
crédito de consumo a nivel nacional se han incrementado
en 43%. En 22 de los 24 departamentos se observaron crecimientos
significativos y con una tasa de morosidad de 12% al año
2004.
Todos estos indicadores son auspiciosos. Sin
embargo, las encuestas de hogares han registrado otras tendencias
preocupantes. Por ejemplo; el porcentaje de hogares con insuficiente
ingesta calórica se ha incrementado de 33% en 2001
a 35% en 2004. En cuanto a salud, la proporción de
personas que no buscaron atención formal para sus enfermedades,
aumentó de 60% en 2002 a 70% en 2004, y el porcentaje
de la población afiliada a algún sistema de
prestación de salud habría disminuido de 44%
a 36% de 2001 a 2004. En lo que respecta a educación;
la tasa de asistencia escolar en familias en pobreza extrema
se redujo de 80% en 2001 a 75% en 2004. Por ello, es necesario
consolidar las incipientes y desiguales mejoras en el bienestar
de la población con tasas de crecimiento económico
mayores y con reformas estructurales importantes en la microeconomía
y las políticas sociales.
[1] Artículo basado
en el estudio de G. Yamada y C. Casas “Medición
de impacto en el nivel de vida de la población del
desempeño macroeconómico para el período
2001-2004”, encargado por el Ministerio de Economía
y Finanzas a los autores y que fue utilizado como referencia
para el discurso presidencial del año en curso. El
estudio puede consultarse en http://www.mef.gob.pe/propuesta/DGAES/doc001072005.pdf

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