| El
ámbito rural enfrenta grandes desafíos para
su desarrollo. El Estado y el sector privado invierten importantes
recursos para promover acciones y proveer servicios en zonas
rurales, desgraciadamente muchos de estos esfuerzos son aislados
y tienen limitado impacto. En el año 2004 el sector
público invirtió más de 460 millones
de dólares al año en programas con incidencia
en el ámbito rural. Complementariamente una gran cantidad
de programas de ONG, de la cooperación internacional
y del sector privado se desarrollan en este ámbito.
Sin embargo el gasto de gobierno es muy especializado
y con poca coordinación y articulación con otros
programas (públicos o privados). Estos programas no
promueven alianzas y, en su mayoría, no recogen las
necesidades de la población ni son evaluados con un
mínimo de rigurosidad; por ello, tanto su impacto como
su capacidad de generar lecciones para futuras intervenciones[2]
es limitado. Son programas que no logran construir un “puente”
entre la sociedad rural y el Estado y ahí está,
seguramente, su mayor limitación. El grueso de estas
actividades intervenciones no está alineado con la
Estrategia Nacional de Desarrollo Rural (ENDR)[3].
Esta estrategia propone como objetivo de la política
de desarrollo rural: “Impulsar el desarrollo humano
en el espacio rural con criterios de sostenibilidad económica,
social y ambiental, equidad y democratización en las
decisiones locales”. La ENDR propone nueve lineamientos
estratégicos que van desde aspectos de cambio institucional
hasta temas de transformación productiva, con un fuerte
compromiso con una visión amplia de “lo rural”,
es decir, más que sólo agro en términos
productivos y no como oposición a lo urbano, sino más
bien incluyendo lo urbano en sus propuestas.
La ENDR es un instrumento que debería
guiar y regir las intervenciones, públicas y privadas,
en el ámbito rural justamente para promover alianzas,
mayor coordinación y sinergias entre las varias iniciativas,
programas y proyectos que de desarrollan. Desgraciadamente,
cuando se analiza lo que se viene haciendo se constata, que
salvo unas pocas excepciones (Mareanass, Corredores, Incagro,
Procuencas, son algunos ejemplos), la mayor parte de las acciones
del sector público aun no están alineadas con
la ENDR. El desencuentro entre lo que se hace y lo que se
quiere hacer (la ENDR) se explica por varias razones, la multisectorialidad
del tema, lo reciente de la ENDR, la falta de conocimiento
de la misma, lo poco visible de la problemática rural,
etc.
¿Cómo apoyar un cambio en lo
que se hace hacia los lineamientos propuestos en la ENDR?
Desde la investigación es posible avanzar en algunas
tareas de largo aliento conducentes a reducir este desencuentro.
En primer lugar, se debe visualizar y “vender”
mejor el tema. Para ello es necesario más investigación,
más debate y más propuestas sobre las distintas
temáticas sobre asuntos rurales. Promover que se abran
nuevas aristas, enfatizar que no es un tema sólo de
lucha contra la pobreza ni de mejores oportunidades económicas,
sino de desarrollo: de las personas, de las poblaciones rurales
y del país. La mayor visibilización del tema
requiere también de la producción de nuevas
imágenes de lo rural y de su importancia. Por ejemplo,
el análisis de los resultados del censo de población
en marcha es una oportunidad para mostrar qué es lo
rural. Se debe lograr que todos internalicemos que el desarrollo
rural es un negocio rentable para el Estado y la sociedad
peruana y que no es posible avanzar en el desarrollo nacional
sin desarrollo rural.
En segundo lugar, se debe adecuar la ENDR.
Es decir, no hacer todo ni abarcar todos los temas, sino convertirla
en un instrumento para que la discusión sobre el desarrollo
rural tenga un marco común. La ENDR que hoy rige el
desarrollo rural del Perú, no es perfecta, no es muy
práctica, es todavía bastante general en algunos
aspectos y excesivamente precisa en otros. Hay un espacio
importante para que los investigadores y los que vienen implementando
iniciativas orientadas al desarrollo rural den sus aportes
para mejorar y consolidar la ENDR.
En tercer lugar, los investigadores y otros
actores podemos y debemos exigir cuentas de los avances en
temas de desarrollo rural. Pero, ¿a quién le
pediremos cuenta de lo que se hace o se deja de hacer en materia
de desarrollo rural? Ahora, técnicamente tendríamos
que dirigirnos al Secretario Ejecutivo del Comité Técnico
Social de la PCM. ¿Podremos? Existe la tarea de definir
cómo hacer esto en el esquema institucional actual
o cómo crear una nueva institucionalidad, que responda
a un nuevo pacto especial sobre el desarrollo rural, con una
cabeza a quien se le deba pedir cuentas de lo actuado. Sin
embargo, nuevamente, ¿quién promueve que se
dé este cambio? Quizá este es un paso previo
a los dos anteriores.
Por lo pronto, se debe exigir mejores evaluaciones,
programas de monitoreo de lo que se hace hoy en el medio rural[4].
Los sectores (MIMDES, MINAG, Ministerio de Energía
y Minas-MEM, MTC sobre todo) están obligados a demostrar
que están haciendo bien su trabajo. Los Gobiernos regionales
y los municipios deben desempeñar una función
importante junto con los analistas e investigadores, la cooperación
internacional y la sociedad rural exigiendo estas evaluaciones
y sobre todo la adopción de la ENDR.
Finalmente, en cuarto lugar, el momento electoral
que se avecina y los primeros meses del próximo gobierno
son una buena oportunidad para impulsar la adopción
de la ENDR como marco, como eje articulador de propuestas,
de acciones, de nuevos espacios de diálogo. Los investigadores
podemos apoyar este tipo de iniciativas y acciones con nuestras
opiniones y con nuestra producción, pero las definiciones
están en manos de otros actores, con quienes debemos
dialogar.
[1] Este artículo es
un resumen de la ponencia “Estrategias y políticas
de desarrollo rural” presentada por Carolina Trivelli
en el Seminario Permanente de Investigación Agraria
XI. Trujillo, Perú, agosto de 2005. Puede consultar
la ponencia en “ponencia_sepia_15_octubre[1].doc”
[2] Siempre se puede argumentar que las condiciones de vida
de la población rural podrían ser peores sin
estos programas, pero ese es un argumento poco relevante y
totalmente cómodo.
[3] Aprobada en septiembre del 2004
[4] Hay, además, una discusión mayor tras esta
y es la referida a si se gasta lo suficiente o no en el medio
rural, a cómo se gasta y quién decide en qué,
dónde y cómo se realizan estos gastos.

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