| El
Perú es uno de los países con mayor superficie
forestal del planeta y el segundo en Sudamérica. Cuenta
con 80 millones de hectáreas de bosques naturales,
con una diversidad de hasta 300 especies por hectárea,
que brindan madera, productos no maderables y servicios ambientales,
tales como la belleza paisajística, el ecoturismo,
la absorción del carbono de la atmósfera, etc.
Lamentablemente, durante las últimas
décadas el potencial de los bosques ha sido desaprovechado.
En ese sentido, de las 2.500 especies de maderas existentes,
solo se aprovecha unas 80, la mayoría de ellas en actividades
primario exportadoras, que tienen un limitado impacto sobre
la generación de empleo y la reducción de la
pobreza. A su vez, la pobreza estimula la agricultura migratoria
de la sierra a la selva, así como la tala ilegal, problemas
que han causado la deforestación de 10 millones hectáreas.
Una de las principales razones que explica
la irracional explotación forestal fue el inadecuado
marco legal existente hasta el año 2000. Esta legislación
promovía la explotación forestal por parte de
pequeños extractores e impulsaba a aprovechar únicamente
las especias más cotizadas por el mercado (“descreme”
del bosque). Adicionalmente, la existencia de medidas temporales,
de regímenes paralelos y de continuos cambios en las
reglas de juego durante los últimos 25 años,
fomentaron un manejo desordenado y caótico de la actividad
forestal y desincentivaron la inversión privada. Con
la finalidad de corregir esta situación, se promulgó
la “Ley Forestal y de Fauna Silvestre” (15/06/2000),
cuyo objetivo principal es garantizar el manejo sostenible
y la conservación de los recursos forestales.
La nueva legislación establece el régimen
de las concesiones forestales para la actividad forestal maderable.
Las concesiones se entregan a particulares por un período
de hasta 40 años renovables, lo cual representa un
escenario estable para una actividad que implica inversiones
y períodos de maduración relativamente largos.
Del mismo modo, el derecho de aprovechamiento forestal (DAF),
que debe pagar el concesionario por cada hectárea que
le sea adjudicada, impulsa una mayor extracción de
especies por hectárea. Finalmente, la ley obliga al
concesionario a respetar las vedas, a garantizar la integridad
de las áreas forestales concedidas y a emprender las
medidas necesarias para evitar la extracción ilegal.
Desde el año 2002, se han adjudicado
concesiones por más de 20 millones de hectáreas
de bosques a través de diversos concursos públicos
realizados en Loreto, Ucayali, Huánuco, San Martín
y Madre de Dios. Sin embargo, varios factores estructurales
afectan al nuevo régimen. En primer lugar, la ley exige
mayores responsabilidades a los concesionarios: formalizar
sus empresas, cumplir con los derechos laborales de sus trabajadores,
explotar sosteniblemente el área asignada, elaborar
un plan general de manejo (PGMF) y planes operativos anuales
(POA), etc. Al margen del interés que puedan mostrar
muchos concesionarios, es evidente que estas obligaciones
no son fáciles de introducir en un sector que durante
décadas se ha caracterizado por el desorden y la informalidad.
Tampoco contribuye a ello el limitado nivel educativo de muchos
concesionarios.
Los nuevos concesionarios también afrontan
un problema de escasez de capital. El sistema financiero formal
considera al sector forestal como de alto riesgo, en parte
por la desvinculación de los sectoristas bancarios
con la realidad forestal, pero fundamentalmente porque es
afectado por la inestabilidad climática, la falta de
garantías reales, la inseguridad y la delincuencia,
la corrupción del Poder Judicial y las autoridades
y, en general, por el abandono que sufrió durante décadas
por parte del Estado. Por ello, los concesionarios deben financiarse
de manera informal, a través de los denominados “habilitadores”.
Sin embargo, estos métodos de financiamiento son sumamente
onerosos, reducen significativamente la rentabilidad de las
concesiones, impiden que los concesionarios acumulen capital
y pueden afectar el éxito del proceso a mediano plazo,
pues un elemento importante para el desarrollo del sector
forestal maderable es la inversión en mejoras tecnológicas,
lo que requiere acceso a financiamiento a las tasas que se
ofrecen en el sistema financiero formal.
Otro factor que influye en la rentabilidad
de las concesiones y, por ende, en la sostenibilidad del proceso,
es la infraestructura, específicamente el pésimo
estado de las carreteras, lo cual encarece el costo al transportista
y obliga a elevar el flete. Así, en el Perú,
los costos de transporte de la madera extraída superan
ampliamente a los de Bolivia y Brasil. El flete de las capitales
de departamento a la ciudad de Lima, de donde se realizan
las exportaciones, afecta el precio que se paga por la madera
en la capital de departamento. Ello explica que en Madre de
Dios, donde los problemas de acceso y los fletes son mayores,
los precios pagados por la caoba y el cedro sean menores que
en Ucayali.
El proceso de concesiones forestales maderables
está todavía en una etapa de maduración.
No es fácil introducir un sistema novedoso y complejo
en un sector con debilidades institucionales que no permiten
una gestión pública eficaz y eficiente. Para
viabilizar las concesiones, es necesario revertir los factores
estructurales que afectan a la actividad forestal, lo cual
exige una decidida acción estatal, una sociedad civil
responsable y un sector privado comprometido con el desarrollo.
Por ello, es alentador el apoyo que recibe el proceso de las
ONG y de instituciones privadas, como el Fondo de Promoción
del Desarrollo Forestal (FONDEBOSQUE), entidad dedicada a
promover la competitividad forestal y lograr inversiones privadas
significativas en el sector. El aporte de este tipo de instituciones
ha sido crucial para sacar adelante el nuevo régimen
y contribuir a la sostenibilidad de la actividad forestal
en el Perú.
[1] Resumen actualizado de
Galarza, Elsa y Karlos La Serna (2005). “Las concesiones
forestales en el Perú: ¿cómo hacerlas
sostenibles?”, en Barrantes, Roxana (editora). La política
forestal en la Amazonía andina. Estudio de casos: Bolivia,
Ecuador y Perú. Serie Diagnóstico y Propuesta,
Nº 16. Lima: Consorcio de Investigación Económica
y Social (CIES), pp. 445-600. Esta investigación fue
auspiciada por el CIES y la Fundación McArthur. La
versión completa del documento se puede descargar desde
http://www.consorcio.org/CIES/html/pdfs/Forestal/per1.pdf

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