| En
el momento en que escribo estas líneas, aún
no está definido quién disputará la segunda
vuelta con Ollanta Humala, si Alan García o Lourdes
Flores. Si la proyección dada por Transparencia el
día de la primera vuelta fuera correcta, Lourdes Flores
debería pasar a la segunda, por una estrecha diferencia
de votos sobre Alan García. Sin embargo, dicha diferencia
estaba por debajo del margen de error estadístico.
Sea quien fuere el que vaya al ballotage,
tendría que tener, frente al discurso radical del candidato
de UPP, un planteamiento alternativo similar. El planteamiento
central de éste es el estatismo, al que pretende rebautizar
como nacionalismo, como si se pudiera sacudir a las palabras
de su significado histórico como se sacude a las alfombras
del polvo que acumulan con los años.
Para justificar su planteamiento, Ollanta
Humala pretende afirmar que el 95% de los peruanos viven en
la pobreza. No existe estudio alguno que pueda respaldar tal
afirmación. La verdad es que los pobres en el Perú
representan alrededor del 50% de la población. Afirmar
que los pobres llegan al 95% de la población es, pues,
distorsionar seriamente la realidad.
Lourdes Flores o Alan García deberían
indicar el contrasentido que implica erigirse en agente de
cambio con un planteamiento estatista, puesto que éste
es el modelo de desarrollo en el que el Perú sigue
atrapado desde el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada.
Así lo acredita no son sólo las empresas estatales
subsistentes, sino también la idea vigente del Estado
como responsable de la redistribución de la riqueza.
Por el lado de los ingresos, dicha idea se traduce hoy en
impuestos elevados y progresivos, acompañados de exoneraciones
y regímenes de excepción. El afán de
utilizar la tributación como instrumento redistributivo
es tan intenso que ha llevado a que el Tribunal Constitucional
consagre la existencia de tasas escalonadas incluso a nivel
de la administración pública.
Por el lado de los gastos, dicha idea se traduce
en cada vez más numerosos programas supuestamente sociales.
Aunque diversos estudios han acreditado los despilfarros que
se originan en programas como el Vaso de Leche y, peor aún,
en educación pública, papá-Estado no
se da por enterado y sigue destinando más dinero para
tales fines, responsable como pretende ser de nuestra alimentación,
salud y educación.
Lourdes Flores o Alan García deberían
señalar que el alivio de la pobreza no depende tanto
de políticas tributarias o de políticas sociales
sino del crecimiento sostenido de nuestra economía.
Así lo demuestra experiencias que van desde el Este
Asiático hasta Chile. La disminución de la pobreza
sólo se alcanza a través de tasas de crecimiento
elevadas y sostenidas a lo largo del tiempo.
Para alcanzar este crecimiento, se requiere
atraer inversión, pero ésta sólo vendrá
en la medida que los derechos de propiedad sean respetados.
En el Perú, no faltan tanto capitales; lo que faltan
son derechos –especialmente, derechos de propiedad.
Lo que le corresponde al Estado es, pues, contribuir a nuestro
proceso de desarrollo asegurando tales derechos, y no amenazándolos
con las armas que le entregamos para dicho fin.
* Director
Ejecutivo, Sociedad de Economía y Derecho UPC.

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