Lima 19/ 04/ 06
 
CANDIDATOS Y PLANTEAMIENTOS
José Luis Sardón*

En el momento en que escribo estas líneas, aún no está definido quién disputará la segunda vuelta con Ollanta Humala, si Alan García o Lourdes Flores. Si la proyección dada por Transparencia el día de la primera vuelta fuera correcta, Lourdes Flores debería pasar a la segunda, por una estrecha diferencia de votos sobre Alan García. Sin embargo, dicha diferencia estaba por debajo del margen de error estadístico.

Sea quien fuere el que vaya al ballotage, tendría que tener, frente al discurso radical del candidato de UPP, un planteamiento alternativo similar. El planteamiento central de éste es el estatismo, al que pretende rebautizar como nacionalismo, como si se pudiera sacudir a las palabras de su significado histórico como se sacude a las alfombras del polvo que acumulan con los años.

Para justificar su planteamiento, Ollanta Humala pretende afirmar que el 95% de los peruanos viven en la pobreza. No existe estudio alguno que pueda respaldar tal afirmación. La verdad es que los pobres en el Perú representan alrededor del 50% de la población. Afirmar que los pobres llegan al 95% de la población es, pues, distorsionar seriamente la realidad.

Lourdes Flores o Alan García deberían indicar el contrasentido que implica erigirse en agente de cambio con un planteamiento estatista, puesto que éste es el modelo de desarrollo en el que el Perú sigue atrapado desde el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Así lo acredita no son sólo las empresas estatales subsistentes, sino también la idea vigente del Estado como responsable de la redistribución de la riqueza.
Por el lado de los ingresos, dicha idea se traduce hoy en impuestos elevados y progresivos, acompañados de exoneraciones y regímenes de excepción. El afán de utilizar la tributación como instrumento redistributivo es tan intenso que ha llevado a que el Tribunal Constitucional consagre la existencia de tasas escalonadas incluso a nivel de la administración pública.

Por el lado de los gastos, dicha idea se traduce en cada vez más numerosos programas supuestamente sociales. Aunque diversos estudios han acreditado los despilfarros que se originan en programas como el Vaso de Leche y, peor aún, en educación pública, papá-Estado no se da por enterado y sigue destinando más dinero para tales fines, responsable como pretende ser de nuestra alimentación, salud y educación.

Lourdes Flores o Alan García deberían señalar que el alivio de la pobreza no depende tanto de políticas tributarias o de políticas sociales sino del crecimiento sostenido de nuestra economía. Así lo demuestra experiencias que van desde el Este Asiático hasta Chile. La disminución de la pobreza sólo se alcanza a través de tasas de crecimiento elevadas y sostenidas a lo largo del tiempo.

Para alcanzar este crecimiento, se requiere atraer inversión, pero ésta sólo vendrá en la medida que los derechos de propiedad sean respetados. En el Perú, no faltan tanto capitales; lo que faltan son derechos –especialmente, derechos de propiedad. Lo que le corresponde al Estado es, pues, contribuir a nuestro proceso de desarrollo asegurando tales derechos, y no amenazándolos con las armas que le entregamos para dicho fin.

* Director Ejecutivo, Sociedad de Economía y Derecho UPC.